Capítulo VIII

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La semana volvía a comenzar. Era lunes a la mañana, ya estaba lista para ir al colegio, lo único que faltaba era que mis dos hermanos terminaran de arreglarse.

-¡Connor, Ahinara bajen ya!- Dijo mi mamá un poco irritada.

Me tiré en el sillón y me puse a ver Telefé mientras esperaba a los chicos. Luego de unos minutos ambos bajaron.

-¿Vamos?- preguntó mi mamá

-Sí- respondimos al mismo tiempo. Mi papá nos saludo a cada uno y los cuatro nos dirigimos a la cochera. Nos subimos al auto y agarré mi celular para responder un par de mensajes de WhatsApp mientras Ahinara le mostraba un jueguito en el celular a Connor.

WhatsApp: “Grupo de mejores amigas”

Luchi: Chicas no se olviden de las fotos!!

Juana: Sí sí, ya las puse en la mochi.

Yo: Qué fotos?!?!

Luchi: Las que teníamos que llevar para el video escolar.

Ahí lo recordé, todos los 5tos de mi escuela tenemos que hacer un video de nosotros mismos. Cada alumno debe llevar tres o cuatro fotos (una de pequeño, otra de preadolescente y una actual). Lo había olvidado por completo, espero que la maldita preceptora Calderón no se enoje conmigo cuando lo sepa. Ella es la encargada de hacer este trabajo.

Al llegar al colegio, cada quien se dirigió a su aula. Ya era tarde, por lo tanto, empecé a caminar un poco ligero. Cuando abrí la puerta del salón sentí como todas las miradas de mis compañeros se concentraron en mí, me puse nerviosa.

-Pero miren quien llegó. Lisa, Lisa, Lisa… -dijo el Profesor de Historia con un tono vulgar mientras sus ojos me recorrían de arriba a bajo con cara de asco.

Bajé la cabeza y fui a sentarme en medio de Luchi y Juana. Comenzó la hora interminable.

Luego de un rato, ya me estaba quedando casi dormida, pero Luchi me sorprendió cuando comenzó a patearme la pierna.

-¿Trajiste las fotos? -dijo susurrando-.

-¿Qué? -pregunté-.

-¿Trajiste las fotos? -volvió a susurrar Luchi-.

-¿Eh?

-¡¿Qué si trajiste las fotos?! -dijo algo sacada-.

Realmente no la había escuchado, evidentemente tengo problemas auditivos.

-Señorita Luciana… Luciana Cascheri, ¿podría decirme que pasó con Napoleón en 1821? -interrumpió el Profesor.

¡No, pobre! ¿Cómo Luchi sabría eso? Ella es pésima en Historia. Esto seguramente afectará su nota de concepto, la cual tendrá en cuenta para calificarla en este trimestre, lo que significa que si su nota es mala probablemente se llevará la materia ¡Y todo eso por mi culpa! Me siento culpable, pobre Luchi pensé dentro de mí.

-Em… Em -balbuceo y luego agrego en un tono de voz medio dudoso- ¿Murió?

-Exacto –respondió Díaz un poco desencajado y continuó hablando de su aburrido tema-.

Estaba sorprendida, a fin de cuentas Luchi sabía la respuesta, es una genio.

Luego de unos minutos, fui yo la que le golpee el pie a Luchi y cuando noté que tenía su atención en mí, le dije:

-No, perdón me olvidé.

Luchi puso una mueca y desvió la mirada.

Más tarde, las muecas se multiplicaron. Llegó la hora del recreo. Siempre solía alegrarme de que toque la campana, pero esta vez no, tenía que lograr que la Calderón no me viera. Si se enteraba que me había olvidado las fotos, me retaría  y me tomaría de punto otra vez. Siempre que me olvido de un papel firmado por los padres o alguna otra cosa, me lo hace recordar por un mes delante de todo mi curso, incluso luego de haberlo traído. Pero todo mi plan para esconderme resultó sin éxito ya que, ni bien salgo del aula, me choco con la preceptora.

InimaginableDonde viven las historias. Descúbrelo ahora