Capítulo XIV

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Pensándolo bien, me daba un poco de miedo salir al “mundo exterior” nunca en mi vida había hecho algo tan zarpado como esto. Sin embargo me gustaba sentir esa satisfacción al hacer locuras pero… ¿y si nos pasaba algo? Mamá y papá nunca nos perdonarían. A parte, pobres... se re asustarían e irían a buscarnos, lo cual no sería algo bueno ya que nos castigarían de por vida.

Pero a esta altura no les puedo decir a Lisa y a Connor que no quiero ir. Estuvimos averiguando todo para nada, tengo que ir. Por suerte en esta casa no le importo a nadie, esa es la razón por la que estoy tanto tiempo fuera de casa. Acá me aburro, nadie me escucha, nadie me habla. Es triste que tu familia no te preste la suficiente atención que necesita una chica de de 14 años. No les pido que me adoren, pero minimamente podrían preguntarme cómo estoy como lo hacen mis amigas, no sólo como me está yendo en el colegio.

Mientras seguía enojandome con mis padres mentalmente, me senté al lado de Connor que estaba leyendo su novela favorita.

-¿Te pasa algo? –me dijo levantando los ojos de su lectura-.

-No, no –contesté mirando levemente al piso-.

-Tenés miedo, ¿no?

-Un poco.

-Decíselo a Lisa, nadie te obliga a hacer esto –dijo mientras se levantaba del sillón-.

Me quedé pensante cuando la voz de mi hermana interrumpió mis pensamientos.

-¿Estás bien?

-Sí, sí, sólo que me da un poco de miedo el viaje.

-A mi también lo mismo –dijo-.

-¿De verdad?

¿Lisa? ¿Con miedo? Esto sí que era algo muy bizarro.

-Sí.

Connor se acercó a nosotras y dijo:

-Chicas, ¿por qué no le preguntamos a papá antes de empezar el plan huída? Quizás nhos cuenta todo o se copa con el viaje. Y sino nos vamos.

-Es una buena idea.

-Sí, sí, el es bueno, no como mamá –agregué-.

Los tres nos acercamos a la habitación en donde se encontraba papá. El se pasaba una gran parte de su día escribiendo en su computadora novelas trágicas.

-Pa, ¿podemos hablar con vos? –pregunté con una voz dulce y fina-.

Papá se sacó sus anteojos de lectura y los dejó sobre su escritorio. No le gustaba que lo molestemos mientras escribía.

-Sí, pasen.

Los tres entramos y nos sentamos uno al lado del otro en uno de los sillones que había.

-¿Qué pasa?

-Em, queríamos hablar de… -dijo Connor un poco tartamudo –De Chiara...

-¿Cómo la conocen? –dijo papá un poco sorprendido-.

-Mamá nos contó –agregó Lisa-.

Papá bajo la cabeza y se tapó los ojos con sus manos para que no le veamos su mirada.

-Perdónenme… perdónenme –comenzó a decir casi en un murmuro con la voz rota-.

-¿Por qué? –contestó Lisa firme.

-Perdónenme, perdón –dijo apretándose los ojos haciendo que unas lagrimas brotaran -Fue mamá, ella me manipuló, pero me arrepiento. ¡Juro que me arrepiento! –dijo mirándonos a la cara-.

¿Qué carajos estaba pasando? ¿A caso papá había hecho alguna locura en la que involucrara a Chiara? ¿La habrían matado? Ay no, dios, eso no tiene sentido, ¿qué estoy pensando?

No soporté más así que fui a darle unas leves palmadas en la espalda mientras le decía: “Tranquilo pa… Tranquilo”.

Una vez que papá se calmó, volví al sillón.

-Era muy chica... estabamos enojados, tienen que entender, no nos odien –dijo papá-.

-¿Por qué lo haríamos? –preguntó Connor-.

-Por lo que les hice –dijo –Soy el peor padre del mundo –susurró diciéndoselo a el mismo-.

La intriga me podía demasiado.

-¿Qué nos hiciste? –dijo Lisa-.

-¿Qué? ¿Mamá no les contó?

-¿Contarnos qué? –pregunté-.

InimaginableDonde viven las historias. Descúbrelo ahora