Abrí los ojos y lo primero que vi fue el cielo estrellado. Me incorporé rápidamente y noté la hierba húmeda bajo mis manos. No recordaba como había llegado hasta allí. Miré a mi alrededor e identifiqué el pequeño jardín que teníamos detrás de casa. Frente a mi había una pequeña fogata pero parecía que estaba sola. El fuego bailaba mecido por el viento y sin explicación alguna mi mirada quedó atrapada en el cálido color rojo. Traté de acercarme pero la llama se extinguió antes de que mis dedos siquiera sintieran el calor. Decepcionada me dejé caer de nuevo sobre la hierba. A pesar de la humedad de la hierba, una sensación de calor me recorrió los dedos y la palma de la mano derecha. Sorprendida mire las yemas de mis dedos que se asemejaban al hierro incandescente. El efecto se extendió por mi antebrazo como si mis venas llevaran lava en vez de sangre. Aunque notaba el calor no sentía ningún tipo de dolor. Apoyé la mano en la hierba que había frente a mí y rápidamente ardió. Algo sobresaltada me aparté y traté de apagar el fuego a pisotones. La hierba chamuscada desprendió una pequeña hilera de humo y divertida volví a mirar mi mano. Imaginé como las llamas la envolvían y en cuestión de segundos unas chispas hicieron la imagen realidad. Al principio solo sentí calor pero de pronto una quemazón se extendió por mi brazo. Mi piel empezó a perder el color rojizo-anaranjado pero las llamas no se extinguieron. Traté de apagar el fuego inútilmente y cuando el dolor se hizo insoportable, solté un grito de desesperación. Notaba la piel al derretirse como mantequilla y el dolor me hizo gritar de nuevo. Oí un ruido a mi espalda, proveniente de casa. Giré la cabeza pero mi vista no fue capaz de centrarse en ningún punto. Me pareció ver una sombra saltar desde el segundo piso y llegar al suelo como si nada. La sombra se acercó hacia mi y resultó ser mi hermano Martin. Llevaba una toalla en la mano que utilizó para apagar el fuego y envolver el brazo carbonizado. Solo fueron unos segundos pero bastó para ver como la piel de un color oscuro se caía a cachos. Me eché a un lado y vomité. Noté que Martin me sujetaba el pelo y me limpiaba la boca con la manga de su pijama.
‒ Respira, esto pasará pronto. Vamos a pedir ayuda – me dijo con tono tembloroso.
Me quedé mirando al suelo sin poder apartar la visión del brazo de mi mente. Martin me cogió en brazos y debido al movimiento pensé que me llevaba a casa pero cuando me fijé vi un pasillo de piedra que no reconocí. Golpeó una puerta de madera de forma estridente y grito un nombre que no me resultó familiar.
‒ ¡Árchigol! Es una emergencia – gritó.
¿Dónde estábamos? ¿Cómo habíamos llegado hasta aquí? ¿Me habría quedado inconsciente por el dolor? Un hombre mayor con una espesa barba blanca abrió la puerta.
‒ ¿Qué sucede? – preguntó molesto.
‒ Estaba en el jardín. Parece que puede controlar el fuego.
Martin me dejo sobre la cama deshecha y me miró preocupado. ¿De qué demonios hablaba?
‒ Tiene mal aspecto. ¿Aún no se han manifestado sus poderes de curación? – preguntó el hombre mayor desenvolviendo la toalla para ver el brazo.
Presionó levemente con un dedo y el dolor se extendió por todo mi cuerpo obligándome a encogerme mientras soltaba un leve gemido.
‒ Sí, pero nunca con algo tan grande.
‒ Pídele a Eric que busque a Firestorm – ordenó Árchigol.
‒ Martin, ¿qué pasa? ¿Quién es? – le pregunté.
Notaba el sudor caer por mi frente y la visión comenzaba a nublarse.
‒ Tranquila, esto se va a solucionar – me respondió acariciando mi frente –. Tiene mucha fiebre.
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Hidden
Fantasi¿Que harías si un día descubrieras que tienes poderes? ¿Y si escucharas una conversación a escondidas que te llevara a pensar que tu familia te oculta algo? En un mundo de reinos y castillos, príncipes y bailes, Vanessa deberá descubrir quien es y c...
