Reunidos.

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Alice.

La suave tela de las cobijas en la cama me ayudó volver a estar conciente más rápido, las luces prendidas y las cortinas cerradas indicaban que ya era de noche, en el cuarto no se escuchaba más que la melodiosa voz tarareando de Esmeralda; amaba a mi dama de compañía, amaba a aquella arrulladora que me conocía tan bien y siempre intentaba protegerme, desde que estaba ahí era la única que se había preocupado de mi estado y de qué sentía al estar ahí, sola en un nuevo mundo donde nadie se preocupaba más que de sí mismo.

-Auch- me lamente- mi cabeza... Qué hora es?

- Como las nueve... - contesto extrañada- Mi lady, me dijo el doctor que debía estar en cama toda la noche.

- LAS NUEVE! Esmeralda, rápido un vestido y unos zapatos...

- Me escucho señorita?- se levantó de la silla junto a mi cama para acercarse- Señorita Alicia, insisto en que debe quedarse aquí, su salud es delicada.

- Esmeralda- la interrumpí - Sé que solo intentas cuidarme y lo aprecio mucho, de verdad, pero necesito hacer esto si quiero encajar en este mundo.

-Señorita... - suplico.

-Mirame, Esmeralda, MÍRAME! - tuve que alzar la voz- Esa gente de allá me cree una inútil, yo, yo no puedo hacer nada por sus estúpidas críticas si me quedo aquí sentada, piensan que como no fui educada como ellos, qué no sirvo de nada...

-Señorita...

-NO! NO ESMERALDA!, ya me harte de que todos me digan que hacer, si voy a pertenecer aquí y tendré que verle la cara a esos estúpidos a diario, lo haré, pero no dejaré que me hagan menos, voy a salir, me apoyes o no, ha quedado claro?

- Sí Señorita.

-Bien- trate de suavizar mi tono- Ahora, un vestido y joyas, mientras los buscas me arreglaré el cabello.

A

El resto del tiempo que pasó en aquel cuarto, Esmeralda estuvo callada, trataba de verme a la cara buscando algo, talvez si ya había cambiado, talvez si ya no era yo, de vez en cuando mi ojos se cruzaban con los de ella y en ellos veía la decepción, veía como la tristeza intentaba no salir de sus ojos, la preocupación de sufrir la opresión de estar bajo los pies de alguien con más poder; eso es lo que yo sentía cuando era un Gas, era como me trataban; al mirarme en el espejo ya no veo a la chica que llegó a la fuerza, ya no veo a la chica que va ante los pies de la Reina para rogar que su hermana este junto a ella, ahora veía a una Gema, alguien incapaz de sentir compasión por los demás, alguien quién lucha solo por ella, pero incluso así veía un Gas, una basura andante vendida al mejor postor, cuando me vi en el espejo aún era yo o era que el maquillaje se empezaba a hacer parte de mí?

-Esmeralda, necesito que vayas con La Reina y le pidas permiso para que hable con ella.

-La Reina?

- Sí, La Reina, necesito entregarle un mensaje sobre una visión que tuve.

-Pero, Señorita, para eso están las palomas y solo unos pocos pueden acercarse ante ella.

- Entre esos pocos los videntes, además este es un mensaje muy importante como para ser entregado por una paloma- dije cerrando el alajero y haciendo una seña para que Esmeralda se apartará- Estaré con Odric, esperando a que me digas lo que te haya dicho Ámbar, sin retrasos y sin excusas, entendido Esmeralda?- en realidad no sé si asintió o dijo que sí, pero no había modo de que se negará; dejé todo acomodado para que Esmeralda saliera inmediatamente, también me vi una última vez en el espejo para por fin salir en busca de Odric.

La Perfecta.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora