Ahora entendía lo que era un guardián. No era una persona normal. No. Era verdaderamente un fénix.
El pelo rojizo se le alargó hasta lo que eran los pies. Su boca se alargó convirtiéndose un precioso pico dorado. La piel blanca como la nieve de Rebeca se empezó a ponerse de un color rojo carmín, le empezaron a salir plumas del mismo color con toques verdes y azules. Los braços empezaron a alargarse y a convertise en unas preciosas alas. De la rabadilla le empezó a salir una enorme y hermosa cola de plumas amarillas. Sus pies delicados y pequeños se convirtieron en espeluznantes garras que podian arrancar el cuello de un elefante adulto. Creció hasta 10 metro de alto y unos 20 de ala a ala.
Me quedé de piedra. La trasformación de Rebeca era preciosa, pero al mismo tiempo era letal.
Giré la cabeza para ver como estaba Andrés. Pero ya no estaba.
-¿Dónde está?- me pregunté.
Quería comunicarme con los otros, pero un rugido de Rebeca me desconcertó. Empezó a volar. Desde las alturas dijo con una voz ronca:
-Ya podeis empezar a correr.
Entonces bajó en picado hacia nosotros. Empezamos a correr hacia el corazón del bosque. Me preocupaba mucho Andrés, pero tenía que empezar a correr hacia la trampa. Todo iba como planeamos.
***En la habitación
-¿Qué es esto?- pregunté intrigado al ver un maletín con diversas armas y un blog de notas.
-Lo encontramos hace un par de meses- dijo Fer- quiero que leas el blog.
Abrí el blog.
Los ojos se abrieron como platos. En la primera página había un fénix, en la segunda, una chica joven de pelo rojizo. Se parecía mucho a Rebeca.
-¿Desde cuando hay texto en ese blog?- preguntó Sergio.
-Cuando he ido abajo he visto que el texto que tradujo Eduardo estaba en azul. Abrí el cuaderno y ya estaba- dijo Fer.
Empezé a leer las veinte páginas que hablaba sobre el fénix y como derrotalo, lo demás estaba en blanco.
-Bueno, ¿qué pone?- preguntó Sergio.
-Habla de un guerrero que una vez derrotó al ave fénix definitivamente.
-Eso es imposible, el fénix renace- dijo Jorge.
-Eso lo explica en la penúltima página: ''Me di cuenta después de cortarle la cabeza que no servía de nada. El fénix volvió a renacer. Pero un druida me a explicado que con este amuleto podré encerradlo. Espero que funcione''-pasé de página-''Ha funcionado. Lo enterrarré el cofre donde está encerrado en Grécia. Espero que nadie lo desentierre''. Lo demás está en blanco.
-¿Qué es ese amuleto que dice?
Le enseñé el dibujo que había.
-Me recuerda mucho ese dibujo- dijo Fer.
-Hay una talla de piedra en la montaña de al lado-dijo Jorge.
-El amuleto tiene que estar allí. Entoces el plan es este...
***Presente
Corrí hasta no poder más y llegar al lago que está en el pie de la montaña. Cuando llegué a la orilla me detuve. Rebeca aún me seguía.
-¿Te has rendido Eduardo?
Una sonrisa pícara se me escapó.
-¿Es tu fin y te ries?
-Lo mismo dijo.
Se abalanzó sobre mi. Entonces una explosión que probenía de la montaña retumbó. Rebeca miró de donde probenía la explosión. Entonces una bala de cañón le explotó en su cara. El humo la desconcertó durante unos minutos los que yo aprobeché para ir a la gruta que me indicó Jorge para buscar el amuleto.
Llegué a la gruta, entré a duras penas ya que era muy pequeña. Ahí me encontré a los demás buscando entre las piedras.
-¿Seguro que está aquí?- dijo Sergio.
-Espero.
-¿Cómo que ''espero''?
-Que si no lo está preparaos a correr.
Sergió se levantó y se fué a fuera.
Jorge tenía al lado las maletas llenas de armas. Fui a mirar que tipo de armas teníamos. No sabía con que podríamos defendernos. Entonces cuando iba a tirar la toalla vi una Labrys. La cara se me iluminó.
Entonces Sergio vino desesperado.
-¡CORRER, ANDRÉS ESTÁ EN PELIGRO!
Fer cogió la hacha y salimos fuera.
Entonces vi a Andrés delante de Rebeca. Aunque estaba lejos los oía perfectamente.
-Andrés, Andrés, ¿quieres morir?
-Deja en paz a mis amigos.
-No, no. Esto no funciona así. Me tienes que dar algo a cambio.
-¿Qué quieres?
-Una vida.
-Toma la mia y dejales en paz.
-DÉJALE EN PAZ- le grité a Rebeca.
Rebeca se guiró, miró la hacha y empezó a volar hacia Fer.
Fer cogió la hacha y empezó a dar hachazos para defenderse de sus garras. Parecía que Fer se le daba muy bien. Los demás fuimos hacia Andrés.
-¿Dónde estabas?-le pregunté desesperado.
-Me he ido a la habitación a coger mi amuleto de la suerte.
Sacó el amuleto. Era el amuleto que estábamos buscando. Se le arrebaté de las manos.
-¿Cómo que tienes este amuleto?- le pregunté.
-Mi abuelo era escalador y en su lecho de muerte me lo dió.
-¿Por casualidad lo consiguió por aquí cerca?- dijo Jorge.
-Creo que si.
-La historia da igual. Ahora tenemos que conseguir que caiga en la trampa.
Fui con sigilo a la pequeña isla que había en el centro y llamé a Rebeca.
Rebeca vio que tenía el amuleto. Vi que sus alas temblaban un poco. Sabía que podía derrotarla, pero aun así fue a buscarme.
Entonces el plan empezó.
Todos fueron a sus posiciones.
Ella se puso delante mio.
-Sabes que te puedo derrotar.
-Lo se. Pero aunque me derrotes aun queda más gente, más peligrosas, más letales y más listas que yo. Yo soy las más floja.
-Me da igual. No se el por qué, pero tengo que descubrir el misterio que rodea en el internado y ya se que tu no tienes la llave.
Entonces tres balas de cañón alcanzaron a Rebeca. Saqué una daga que cogí antes de ir allí, le corté el cuello, le puse el amuleto, empezó a brillar todo su cuerpo, saqué un cofre y su cuerpo se traspasó. Cerré el cofre y después lo tiré al agua.
Volví a la orilla con los demás que ya habían llegado. Me di cuenta que en la pierna derecha me había echo un gran corte. Supongo que me lo hice cuando me dirijia al lago.
Me senté al lado del árbol más cercano, me lo tapé con el chaleco y nos sentamos todos por todo el ajetreo de todo el día.
Miré la hora. Eran la una de la madrugada. Teníamos que ir al internado ya que podían darse cuenta que ya no estábamos. Nos íbamos a ir cuando derepente vi una sombra que sujetaba una enorme daga. La luz de la luna solo mostraba una llave en forma de fénix.
Esa sombra era la que tenía la llave. Teníamos que conseguir esa llave, pero esa sombra me recordaba a alguien...
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