El sonido de la puerta fue el que me despertó, los golpes eran insistentes de seguro era Malaika que quería que la salvará de otra pesadilla. Me levante y abrí la puerta, del otro lado encontré a un Deacon disgustado con una mesa de lo que parecía ser el desayuno.
—¿Por qué no fuiste por esto?— me reclamo apuntando a la mesa.
—Lo siento lo olvidé— me disculpe, a Deacon enserio no le gustaba bajar.
—¿Por qué? Era algo muy sencillo de recordar.
—En la noche Malaika tuvo pesadillas y olvidé que hoy tenía que ir por el desayuno temprano, disculpa Deacon.
—¿No te le acércaste o si? —en su voz apareció un tono de preocupación.
—Si, fui a su habitación para despertarla.
—¿Eres idiota o que pasa contigo?— estaba gritando y sus ojos se abrieron por la sorpresa junto con furia.
—¿Porque lo dices?—quedé extrañado por su reacción.
—Esa cosa te pudo haber matado.
—Ella no es una cosa y ¿por que la tratan como si fuera un monstruo?— detestaba que hablaran así de ella, si admito que era una maleducada pero no representa un peligro.
—Por que lo es, créeme Evan cuando menos te lo esperes ella te matara.
No tenía caso seguir con el tema así que mejor tome la mesa y le agradecí, Deacon se fue enseguida, me dirigí a la habitación de Malaika y toque la puerta pero no contestó entre y vi todo ya ordenado.
Pensé en la sala de entrenamiento teniendo razón, al estar frente a la puerta pude escuchar el soplido que hacían las flechas al dispararse.
—Buenos días— la salude mientras trataba de entrar con la mesa a la habitación.
No obtuve respuesta pero ella ya estaba viéndome, no tenia flechas solo el arco y se me hizo algo extraño.
—Buenos días Evan ¿dormiste bien?, Si dormí bien gracias por preocuparte Malaika— dije en tono sarcástico pero no le pareció gracioso en lo más mínimo— ¿piensas deyunar o me llevo esto?.
—¿Hoy que nueva porquería probaremos?—dijo fingiendo una sonrisa y acercándose.
—¿Porquería?
—Si ya sabes, esos tantos medicamentos que usan para curarme.
—No he agregado nada a la comida lo juro— esto me asombraba, la forma en que era tratada y que a ella no le importa en lo más mínimo, me pregunte si así habría sido siempre o solo ahora las circunstancias la había vuelto de esa forma.
—Muy bien, dame algo— dijo acercándose más y tomando un cuenco de sopa para luego alejarse y sentarse en unos peldaños que estaban pegados a la otra pared.
Me quede junto a la mesa y tomé otro cuenco junto con un trozo de pan. Ella no me miraba realmente no miraba nada su atención se centraba en el cuenco y la pared. Cuando terminó regresó dejó el cuenco en la mesa y volvió a tomar su arco.
— Estaba enterado de que para usar un arco se necesitan flechas y no veo ninguna— ella solo volteo y me sonrió de una forma burlona.
De sus manos salieron volutas de polvo negro que se materializaron en una flecha, ella se giro apunto a la diana y sin el menor esfuerzo dio en el blanco. No había visto nada igual, conocía a personas con poderes sobrenaturales pero nada parecido a esto. La sorpresa sólo duró un segundo en mi rostro y en el de ella la sonrisa no había desaparecido.
—¿Sorprendido?— dijo y a continuación volvió a crear otra flecha.
—Para nada— conteste cortante pero realmente estaba asombrado de su habilidad.
—Que te parece un combate cuerpo a cuerpo— cuando termino la última palabra la fecha volvió a dar en el blanco partiendo la anterior por la mitad— para evitar el aburrimiento.
—Me agrada la idea y no te preocupes seré considerado contigo— una sonrisa de arrogancia se posó en mi rostro.
—Escoge tu arma— sus ojos siempre se mostraban fieros y su sonrisa era hermosa pero con un trasfondo oscuro.
Tome de la larga mesa de armas una espada, era plateada con unos destellos azules, ella por su parte escogió dos espadas de un plateado oscuro con el mago de color negro.
Nos posicionamos en el centro del cuarto, Malaika alzó sus espadas y avanzó sin titubear.
Era muy buena trabajando con esas cosas pero yo era mucho mejor. El sonido del metal chocando retumbaba por toda la habitación y los pasos también.
Parecía un baile, yo golpeaba y ella esquivaba, rodaba, caía, golpeaba, una espada caía y por fin quedé acorralado entre el suelo y sus espadas.
—¿Sorprendido?—detestaba su sonrisa en ese instante.
—Fue suerte—conteste y ella se retiro.
—Claro suerte, dime ¿acaso sabes luchar por lo menos?
—Se luchar pero me gusta ser caballeroso— su sonrisa desapareció.
Ella solo se alejo a dejar sus espadas a la mesa sin decir nada más. Luego de unos minutos habló.
—Vete.
-—Oye no era para tanto, lo siento si lastime tus sentimientos ¿esta bien?.
—No es por eso idiota tienes que subir a dejar la mesa— luego se alejo de la mesa para sentarse en la mitad de la habitación.
—Ah... Si claro, ahora vuelvo.
Salí de la sala y me dirigí a la cocina, subí las escaleras con algo de dificultad hasta poder llegar a el pasillo, fui a la cocina con ayuda del mapa y deje ahí la mesa.
Cuando volvía hacia las escaleras Deacon apareció en un pasillo antes de que pudiera llegar.
—El rey quiere hablar contigo Evan—su tono de voz fue frío y serio, esto no sería algo bueno.
—Esta bien, vamos.
No sabía que la aventura comenzaba.
ESTÁS LEYENDO
Reina De Dos Coronas
FantasyHubo un tiempo en el que los reinos estuvieron separados. Con una reina buena que quería la unión y con otra mala que deseaba todo el poder sin importar el costo. La oscuridad crecía queriendose apoderar de todo, su magia destruía y solo con un jur...
