Fuera Del Castillo

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El rey se encontraba como de costumbre con un libro en la mano y sentado en su gran escritorio.

—Su majestad— dije con una reverencia.

—Evan mi querido muchacho me alegra verte—su sonrisa parecía verdadera pero había algo que me inquietaba.

—¿Qué sucede majestad?, hice algo malo o...

—Pará nada, mas bien eres muy bueno por esa razón te he llamado necesito tu ayuda—dijo interrumpiendome.

—Dígame que debo hacer majestad.

—Han llegado rumores a la ciudad de que hay soldados oscuros y sabes que eso no es nada bueno, así que antes de que esto se expanda y provoque un caos quiero que tu y—titubeo para referirse a Malaika—la chica—tal vez ni su nombre recordaba o lo sabía—salgan mas allá de los muros y averigüen que traman.

—Por supuesto su majestad—esto sería muy divertido como el firmar un contrato para tu muerte.

—Bueno alista todo saldrán lo más pronto posible.

—Con su permiso su majestad–hice una reverencia y salí del cuarto.

A Malaika no le agradará la idea.

*Malaika*

Enserio me lo estaba diciendo, me parece asombroso que por fin podre salir de este maldito calabozo y ver la luz del día, empacare todo lo necesario y le diré a Evan que nos larguemos.

—Bien pues que esperas vámonos ya.

—¡¿Qué?! Enserio te esta emocionando esto.

—Si, te veo frente a la puerta en 10 minutos— dije señalando la puerta, la salida.

Salí disparada hacia la habitación en la que había estado encerrada estos meses dispuesta a no volver a ella. Tomé todo lo necesario de ropa y luego fui a la sala de entrenamiento para tomar algunas armas como unas dagas pequeñas mi arco y las dos espadas que antes había ocupado para humillar a Evan.

Cuando iba a salir él entró a la habitación de seguro buscándome, se dirigía a mí y lo mire con desdén.

—Hermosa he venido por ti no creo que sobreviva sin ti—extendió los brazos pero cuando lo iba a golpear paso de largo.

Tomó la espada de la pelea y comenzó  hablar con ella, idiota.

—Vamos luego coqueteas con tu linda espada— rodé los ojos y salí dirigiéndome a la puerta para salir por fin de este lugar.

Al llegar arriba a los portones luego de pasar por el jardín no podía esperar más que los abrí sin complicación y salí corriendo a la avenida.

Evan me gritaba pero no me importaba era libre de nuevo, las calles y la luz del sol era tan bello parecía un sueño del que no quería despertar, llegué al puente en el que me tuve que detener el río era hermoso y mi reflejo parecía tan irreal como si fuera la primera vez que me veía realmente en mucho tiempo hasta que el idiota llegó.

—Tienes buen rendimiento y tu piel reluce como un diamante con los rayos del sol— dijo después de recuperar el aliento.

—Mi piel no brilla no seas tonto— dije  sin despegar mi vista del agua.

—Primer insulto lindo, yo sabía que me amabas— me guiño un ojo.

Nota mental número uno: cobrar venganza por su arrogancia.

—Bien ¿a donde vamos exactamente?—pregunte.

—Tú debes de saber, saliste corriendo tan confiada— me miró como si fuera cierto— por lo visto no, así que si te dignas a escuchar a este "tonto" te diré.

Solo asentí y lo mire.

—Bien, vamos a ir a mi casa primero necesito unas cosas, así que sígueme.

Comenzamos a caminar y unas dos calles más adelante del río llegamos a una casa color anaranjado pálido por el tiempo, unas ventanas grandes que daban a un balcón y unas escaleras que daban a la puerta. Subimos las escaleras y entramos.

La casa por dentro se veía muy vacía tenía una mesa con dos sillas, un tapete, cortinas blancas, una estufa y por último una cama. Se nota que Evan la había acabado de comprar por lo vacia que se encontraba.

Me ordenó esperarlo junto a la mesa y él entró a su dormitorio cerrando la puerta tras de sí.

*Evan *

Llevaba pensando esto desde que salimos del castillo, tal vez sería lo mejor.

El abuelo lo atesoraba.

Pero si alguien venía a la casa en mi ausencia y lo robaba.

La mejor opción sería llevarlo.

Saque debajo de la almohada una cadena fina en la que coloque el cubo del abuelo por una ranura que tenía en una esquina y me la colgué al cuello.

Así nunca se perderá pensé.




Tal vez tendría razón ese pensamiento...

Reina De Dos CoronasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora