A diferencia del resto del año, las tardes de enero en la ciudad ofrecen una luz muy particular que hace que sus colores resalten y tomen un matiz brillante. En el parque, donde suelen ir todos los jueves Larissa y su mamá, los árboles se ven más verdes, el cielo más azul, las flores se delínean en el entorno y los juegos infantiles de tubos parecen que estuvieran en movimiento, como sacados de un cuadro de Carlos Cruz Diez.
Larissa ama esa luz, por eso decide ir un poco más temprano para aprovecharla y poder tomar fotos. Cuando llega, se da cuenta que el frondoso araguaney, que florea solo en los primeros meses del año, y que da una reconfortante sombra a los columpios, está cortado en pedazos en el suelo. "¿Qué pasó aquí?" piensa con genuina precupación, ¿Por qué cortaron este árbol tan hermoso?.
Inmediatamente y con mucha curiosidad toma la cámara, quita el protector al lente y comienza a girarlo para enfocar. Click, la primera foto. Las flores del araguaney que están regadas por todo el pasto. Se acerca un poco, click la segunda foto sobre la vibrante alfombra amarilla. "Cuando lo cortaron estaba en pleno esplendor", reflexiona.
Se acerca más. Click, toma otra foto a la corteza donde caminan miles de hormigas como migrantes en busca de un nuevo hogar: "Cuántos de animalitos e insectos sin casa. Esto no pudo haber sido un capricho de alguien".
Se acerca a la base y haciendo zoom al lente, nota la abundancia de un polvillo que forma manchas blancas. Click. Observa un cambio en la textura de la madera y nota que el tronco, ahora en el suelo, está hueco, como carcomido. "Aaahh, comienzo a entender" y dirigiéndose al árbol le dice –Estabas enfermo desde tus entrañas. ¡Vamos a inmortalizarte araguaney, tú has dado mucho a este parque, te quiero recordar! –Click, click, click.
Continúa concentrada, foto tras foto, varios ángulos, varios lados. "Esto es como si le tomara fotos a un cadaver, me siento como criminalista CSI", piensa divertida.
Un brote verde muy pequeño cerca de la raíz llama su atención. Click, click.
–¿Estás creciendo de nuevo? Comenta en voz baja e íntima al difunto árbol –¡Qué sabia es la naturaleza!
En ese momento siente que alguien la observa a su espalda. Voltea sorprendida–¡Mamá eres tú!
Su mamá tenía un buen rato observándola y Larissa, como estaba metida en descubrir qué le había pasado al árbol que tanto le gustaba, no se había dado cuenta.
–¿Hace cuánto llegaste?
–Lo suficiente como para que me digas por qué cortaron el árbol. Sé que te está matando la curiosidad por saber qué pasó. Te conozco demasiado Larissa.
Ambas intercambian una sonrisa cómplice mientras caminan a sentarse en el banco de siempre. Un banco de cemento, simple como cualquier banco, pero que ha sido testigo de todas las confidencias madre-hija, desde que Larissa tenía memoria.
Hablan detalladamente del día de cada una, qué hicieron, cómo les fue en sus actividades desde la mañana hasta ese momento. Larissa nota que en el relato de su mamá falta una buena parte a la hora del mediodía.
–¿Qué hiciste al mediodía, mamá? Yo te conté todo con lujo de detalles, hasta sabes lo que almorcé.
Inmediatamente se transforma el rosto de su mamá, un halo de desesperanza y miedo ensombrece sus ojos. Quedan en silencio por unos segundos.
–¿Tú no ibas al médico hoy? Algo me dijiste esta mañana, verdad? Yo estaba como loca buscando la cámara, apurada, retrasada para el instituto y ni te paré.
Larissa calla, deduce en el silencio de su mamá que está hablando demás. Inmediatamente supo que algo pasaba. Su mamá tenía varios meses yendo sin falta al médico. Ella no se había detenido a pensar por qué. Para ella su vida, como estaba, era perfecta y la posibilidad de que cambiara no era contemplada de ninguna manera.
En ese momento pasan por su cabeza miles de pensamientos. En fracciones de segundos ve frente a ella su niñez, su adolescencia y cómo imagina su vida en el futuro, en todas siempre el denominador común era su partner, su llave, su apoyo... su mamá.
El miedo ante la incertidumbre no la deja preguntar nada. Solo atina a tomar su cámara, sacar de nuevo el protector al lente y enfocar el rostro de su mamá. Un tenue rayo de luz lo cruza en diagonal.
–Nunca te he tomado una foto, raro no? Hoy la luz está perfecta, y tú mamá te ves muy hermosa. Quiero conservar esta imagen para siempre.
Click.
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Un click para la eternidad
Short StoryLarissa, una joven aficionada a la fotografía toma una tarde unas fotos que, años después y lejos de casa, le dan sentido a su vida.