El pequeño brote verde

3 0 0
                                    


Larissa aprendió de golpe cómo es la vida. Con tropiezos, pero siempre optimista como le había enseñado su mamá, logró rehacer su vida en un lugar en medio del mar. Primero tomó empleos muy diferentes a lo que había estudiado, alquiló una habitación y poco a poco fue conociendo personas que, sin dudarlo, la ayudaron.

Con su cámara colgada al cuello recorrió los sitios más hermosos de la isla. Click, click, click, sonaba permanentemente donde Larissa estuviera. Lugares históricos, paradisíacas playas, montañas lluviosas, ruidosas avenidas.

–Siempre hay cosas interesantes de fotografiar, decía sin importar quien estuviese a su lado.

Logró conseguir un mejor trabajo, se mudó a un apartamento ella sola, era pequeño pero no faltaba nada y, lo más importante, tenía vista al azul intenso del mar. Larissa se organizó, volvió a comprar la pizarra para anotar todos los pendientes, tal como la tenía en su ciudad. Hoy puede decir satisfecha que cumplió lo que siempre quiso su mamá: ordenó su vida.

Sin descansar, Larissa prosigue en su tarea de revisar las fotos del Araguaney. Llega a la foto que tomó justo antes de darse cuenta que su mamá había llegado al parque: un brote, un retoño, un hijo del del finado Araguaney, justo al lado.

–¡Es la esperanza!– dice perpleja, cayendo en cuenta de lo que significaba cada foto, de cómo se asemejaban a su propia vida.

Desde esa tarde tan diferente a todas tardes, Larissa había caído, se había repuesto y había crecido. Había avanzado siempre con la frente en alto y, sobretodo, nunca dejó de tener presente a su mamá. "Estarías muy orgullosa de mí, mamá, estoy segura", pensaba con frecuencia.

– Ahora todo tiene sentido, estas son las fotos que expondré. Esta es mi vida, estas fotos soy yo– Y viendo la última fotografía de ese día, cuando capturó el rostro de su mamá cruzado en diagonal por un tenue rayo de luz, dice con emoción– Cuando el pequeño brote llegue a ser de nuevo un hermoso Araguaney, estoy segura que volveré a mi ciudad para fotografiarlo en todo su esplendor amarillo. Mamá, ¡eso te lo prometo!.

Un click para la eternidadWhere stories live. Discover now