Hola chic@s me gustaría deciros que he empezado otra novela, me gustaría que lo leyerais y así me decís que os parece. Si queréis la continúo. Gracias;)
Llevaba días sin dormir desde el incidente en la fiesta de máscaras.
Tal y como había dicho Gastón seguía viva y yo había rechazado el compromiso, no entendía que había podido pasar para que la mente radical de su padre no circulara en mi contra. Pero con el jaleo del asesinato era normal que se mantuviera distraído del asunto y que me dejara con vida un tiempo pues yo era uno de los testigos.
Todavía le seguía dando vueltas a ese refrán francés que tan bien conocía.
“Año nuevo, vida nueva”-no paraba de resonar en mi cabeza, esta semana había querido acercarme al pueblo para hablar con la familia de la muchacha muerta, igual podría descubrir algo en claro. Pero entre una cosa y otra se había vuelto imposible. Un asesino andaba suelto por el pueblo y de algo estaba segura, no era un simple campesino en busca de atención como habían afirmado muchos. Los campesinos no saben leer y mucho menos escribir, fuera quien fuera no era un simple campesino. Esa era la excusa perfecta para que cualquiera de la nobleza y corte se salvaran y eso era lo último que pensaba permitir. Quien hubiera hecho esto iba a ir a la cárcel, eso por seguro.
-Bella hora de subir el desayuno, te llaman en la habitación 23.
-Ese pesado otra vez, ayer le llevé yo la cena, por qué no le lleva el desayuno otra.-dije disgustada, desde el asesinato Gastón se había convertido en un loco obsesivo, no había momento en el que no me llamara para ver si estaba bien o por si se me ocurría algo que pudiera relacionar el asesinato con el refrán.
Cogí la bandeja de plata y puse los crepes en un plato junto al zumo de uvas.
Recorrí el conocido camino y cuando llegué él ya me esperaba en el marco de la puerta.
-Has tardado.- anunció disgustado, tenía ojeras en los ojos y parecía enfermo. Al parecer no era la única que no podía conciliar el sueño.
-Perdóneme señorito pero si no está a gusto con mis servicios pídale a otra que lo haga, llevo trayéndote la comida desde la fiesta siempre yo, no sé qué problema tienes con el resto.
Él salió del marco instándome a pasar en la habitación, por supuesto todo el interior de ella era lujoso, en comparación con las habitaciones de los sirvientes esta parecía la de un rey.
Deje la bandeja sobre su escritorio y me dispuse a irme.
-Espera- suplico él como siempre terminaba haciendo- necesito hablar contigo.
-Tengo mucho trabajo que hacer… Y además estoy hartándome de hablar de lo mismo, yo también tengo las mismas dudas que tú y lo único que me traen es insomnio.
-Exacto, tienes las mismas dudas. Por qué no nos ayudamos mutuamente y tratamos de descubrir la verdad, no creo que el insomnio se te pase hasta que sepas quién es el culpable.
-No sé tú pero a mí no me agrada que me peguen, y si no hago mi trabajo eso es lo que me va a pasar y entonces tendré insomnio porque no podré dormir por el dolor- exclamé cabreada, como se notaba que ese individuo no había recibido una paliza en su vida, sin embargo le daba igual que otros la recibieran.
-Hoy llega el detective, yo he sido quién lo llamó explícitamente, necesito que cuando venga estés conmigo, tu trabajo de hoy será acompañarme, yo hablaré con quién tenga que hablar.-dialogó suplicante, me daba pena, no estaba afeitado y desde hacía días se había descuidado, no entendía que podía afligirle tanto, en definitiva quien había muerto no era ni siquiera un conocido suyo.
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