Estaban ocultos en el interior de un árbol, un ruido enorme los asustó, así que permanecieron quietos por un largo rato. Sacaron conclusiones de qué podría haber sido ese ruido en el bosque, ya que por lo general, por esos lugares nunca ocurría nada raro. Ella lo envolvía con su cola, al pequeño siempre le gustaba eso porque lo tranquilizaba, sobretodo en esos momentos de susto.
El romance que tenían era algo prohibido, ya que no se podían unir habitantes de dos especies distintas. Pero él estaba profundamente enamorado de ella, de su altura, de la elegancia de su cola, de su mirada tan serena y por sentirse protegido por ella en cierta forma. Cada uno vivía muy lejos, ella era de la capital del Reino de las ardillas y él de un pequeño pueblo en el Reino de los jerbos. El lugar intermedio donde les quedaba más cerca juntarse a ambos cada dos semanas, era en el bosque del Reino de los castores, pero tenían que hacerlo con mucho cuidado, porque cualquier guardia castor los podía pillar.
De un momento a otro casi al atardecer, empezaron a escuchar unos gritos. Al principio se escondieron otra vez a poner atención. Se dieron cuenta que era una multitud de habitantes. Entre ellos obviamente había castores, porque era su territorio, pero también había jerbos, todos portaban luces y lámparas. Con lo que alcanzaron a oír, gritaban el nombre de un niño llamado Moi.
—¿Qué estará pasando? —preguntó la ardilla Atep a Tairis.
—No lo sé, al parecer están buscando a un niño jerbo, porque esos dos jerbos de la multitud se ven muy preocupados, quizás sean sus padres.
—¡Bajemos del árbol y vamos a ayudar!
—Sí, por supuesto, pero tenemos que hacerlo sin que nos vean que venimos juntos —respondió el jerbo Tairis.
Ambos se bajaron por partes opuestas del árbol y lentamente, por diferentes caminos que se marcaban en el pastizal, se fueron acercando a la multitud. La pareja de jerbos preocupados al ver a Tairis se alegraron, porque por unos instantes lo confundieron con su hijo. El jerbo llegó hasta el lado de ellos y los preguntó:
—¿Qué ha sucedido?
—Nuestro hijo se marchó de la casa y lo hemos estado buscando por muchos días, pensamos que podría estar en este bosque.
Uno de los castores que se encontraba cerca se arrimó a Tairis y le preguntó bruscamente.
—¿Qué haces aquí?, estás un poco lejos de tu pueblo.
Tairis no se atrevió a responder inmediatamente, hasta que justo entró en escena Atep, que estaba atenta para aparecer. Ella empezó a explicar que también había oído la noticia del joven jerbo perdido y quiso venir desde su reino a cooperar justo ese día y que por casualidad se encontró con Tairis y que se habían separado unos momentos en la búsqueda. El castor no preguntó más y se reunió con el grupo.
—Que buena jugada —dijo el jerbo en voz baja mirándola de reojo con una pequeña sonrisa en la cara.
Se unieron al grupo y empezaron a buscar a Moi. Gritaban hacia todas direcciones, pero el atardecer ya había pasado y la noche estaba naciendo de a poco. De repente Tairis escuchó otra vez el mismo ruido que había oído cuando estaba dentro del árbol, volteó rápidamente su cabeza y detrás de unos arbustos, a unos 10 metros, vio una silueta negra que se consumía en un leve resplandor verde. Quedó sorprendido y paralizado por unos momentos, buscó a Atep que se encontraba más atrás y le dijo:
—¿Viste eso?
—¿Qué cosa?, no he visto nada.
—Primero sonó el mismo ruido que escuchamos y después me giré y vi a una silueta y un resplandor verde, justo allá.
El jerbo señaló, pero no había nada. Todo parecía normal. De pronto se acerca un castor que estaba a solo unos pasos de ellos y que escuchó lo que acababa de decir Tairis.
—Quizás es un brujo oscuro, un ser del reino de los señores musarañas.
—¿Qué?, ¿cómo puedes saber eso?, se supone que nadie del otro lado del mar ha venido para acá jamás.
—Tengo cierta información de que se vienen tiempos muy oscuros y que quizás ellos, o quién sabe qué, serán los responsables. Creo que tuvieron que ver con la desaparición del niño, pero no he querido decirlo a sus padres aún hasta no estar seguro.
El castor decía esto en silencio a Atep y Tairis unos metros apartados del grupo, cuando de un instante a otro, se escuchó nuevamente el sonido, pero esta vez de una forma terrible, justo sobre sus cabezas, y todos juntos cayeron al suelo perdiendo el conocimiento.
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Leyendas de Rodenta
FantasyControl total, desesperación, amistad, amor, compañerismo y unidad. Todo esto en un pequeño planeta en una dimensión al interior de una flor.
