Camino al hogar de Prisma, Tairis preguntó a Atep qué estaba haciendo en el pueblo y cómo y cuándo había llegado. Ella le contó rápidamente su aventura, que casi se ahogó, que fue rescatada, la hospitalidad de la familia cobaya y que ahora era la principal ayudante del gobernador para el evento. El jerbo quedó muy sorprendido y no pudo evitar sentirse triste cuando ella le contó lo del río, se maldijo para sus adentros por no haber estado allí con ella para ayudarla.
Ya acomodados en casa de Prisma, Tairis sacó la botella de su pequeño bolso y la puso en frente de todos. No había querido dejarla guardada en algún lugar de la casa, pues sentía que estaba más segura si él la cargaba para todos lados, lo cual era un pensamiento ingenuo, considerando lo asustadizo que era. Atep quedó mirando la antigua y sucia botella, tratando de ver qué contenía dentro.
—Atep, ésta es una botella con un antiguo pergamino que encontré en una cueva en un bosque, dice algo muy espantoso. No sé cuándo fue escrito ni quién la escribió, pero nosotros al parecer somos los que estamos destinados a dar a conocer la situación. Ya he conseguido ciertos aliados, por ejemplo Prisma nos va a ayudar —el cobaya que estaba muy concentrado en la botella, despabiló, miró a los dos y se sintió estresado y sorprendido a la vez—. También mi padre, un grupo de luchadores tamias y lirones, que me imagino que habrán seguido esparciendo la noticia desde que me fui de Icas.
—Me sorprendes Tairis, de verdad... —dijo la ardilla con una linda sonrisa.
—Yo creo que tendríamos que presenciar la junta de los reinos esta tarde Tairis, porque quizás podríamos conocer a alguien más que se nos quiera unir —comentó el cobaya tímidamente.
—Yo por supuesto que tengo que estar, ya soy mano derecha del gobernador.
De repente un gran estruendo sacudió el hogar del cobaya, seguido de algunos gritos de algunos habitantes y llantos de niños. Los 3 quedaron boca abajo en el suelo de la vivienda sin saber qué había ocurrido. Atep se apresuró en ponerse de pie y salir corriendo hacia afuera. Pensó primeramente que algo de los preparativos había explotado o que estaban siendo atacados, pero nada de eso era. Se le unió en la calle el jerbo y el cobaya bastantes asustados y miraron para todos lados. Veían pasar a muchos habitantes rápidamente, nadie les decía nada. Corrieron muy veloz hasta el centro donde se celebraría la unión de los dos reinos, hasta que estando en ese lugar se dieron cuenta de la situación. A lo lejos al este se veían luces, explosiones y mucho ruido, que llegaba a sus oídos muchos segundos después de que vieran el destello de lo que haya explotado. Pensaron que era un ataque en la capital del reino de las tamias, que quedaba hacia el este, o quizás más allá en el reino de los hamsters, no estaban seguros, pero algo les decía en su interior que todo lo que iba a ocurrir había comenzado.
Se reunieron con el gobernador cobaya, Atep presentó a Tairis y a Prisma rápidamente. Evidentemente el encuentro entre ratas y ratones tenía que suspenderse debido a estos inesperados acontecimientos, pero cuando iban a dar la orden de refugiarse, notaron que por norte y sur venían avanzando las delegaciones de los reinos, que se notaban muy cansados después de haber caminado tanto de sus respectivos reinos. Ellos también habían sentido el estruendo y estaban presenciando el susto de los habitantes del pueblo de Sires. Creyeron a sus adentros que era una pésima organización, que era impresentable que antes de la ceremonia estuviera ocurriendo eso.
El gobernador junto a Atep, se miraron y no pudieron hacer otra cosa que comenzar la celebración. Los demás que iban a ayudar en la ceremonia no estaban, así que Tairis junto a su amigo, atentos a lo que estaba pasando ayudaron. Por suerte no vinieron muchos de cada delegación, solo el gobernador de cada reino con 4 de sus asesores, así que controlar la situación era más fácil de lo que pensaban que iba a pasar y por lo que el pueblo de Sires había trabajado tanto, creyendo que iba a venir gran cantidad de habitantes de ambos reinos.
En el lugar el gobernador rata con el gobernador ratón se miraban un poco molestos, casi brotando chispas de sus ojos, aún tenían presente los conflictos del pasado, pero para eso se iba a desarrollar la junta, para la paz entre ambos reinos. El dueño de casa, el cobaya, comenzó la reunión no haciendo caso a lo que estaba ocurriendo afuera, las cosas estaban bastante alborotadas para saber qué estaba ocurriendo realmente. Comenzó sus palabras explicando que tenía todo listo pero que algo inoportuno estaba pasando y que no sabía lo que era. El gobernador ratón habló.
—Entonces si nadie sabe lo que está sucediendo, terminemos luego esto. Firmemos el tratado de paz y volvamos a nuestros reinos que tampoco sabemos si allá está pasando algo similar o peor.
—Estoy de acuerdo contigo —dijo el gobernador rata— firmemos ahora el acuerdo, démonos las manos, un abrazo y vámonos de aquí. Me iré, pero antes tomaré un refresco y comeré algo, estoy muy sediento y hambriento.
—Yo también haré lo mismo —dijo el ratón.
Todos los presentes se miraron y soltaron una risotada por unos momentos. Tairis sabía que era su oportunidad de hablar, para mostrar lo que tenía en su poder y para hacer aliados. Esperó a que procedieran a firmar las variadas hojas que había sobre la mesa y cuando ninguno más movía sus manos, habló.
—Hola, disculpen todos, tengo algo que decir —todos lo miraron sorprendidos.
—Tengo un pergamino que dice que cosas muy malas van a pasar y creo que están comenzando a suceder ahora mismo.
Los tres gobernadores presentes quedaron con mucha curiosidad y estaban a la vez asustados con lo que iba a mostrar el jerbo. Con un poco de esfuerzo sacó la botella de su bolsito y mostró el contenido. Todos quedaron impactados. Nadie se atrevió a preguntarle de dónde había sacado el pergamino, pues con su apariencia vieja y con lo que estaba pasando afuera, estaba claro que algo muy malo estaba por ocurrir.
— ¿Alguno de usted desearía unirse a mí para avisar a todo el continente y ayudar en lo que podamos? —preguntó Tairis con los ojos llenos de expectación.
Nadie habló, todos querían volver lo antes posible a sus hogares. Hasta que del grupo de las ratas apareció una hembra y dijo:
—Yo quiero ir, mi nombre es Acnú y me gustan las aventuras.
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Leyendas de Rodenta
FantasyControl total, desesperación, amistad, amor, compañerismo y unidad. Todo esto en un pequeño planeta en una dimensión al interior de una flor.
