Marzo 27, 2019
Adoro ese rojo chillón y presumido que el cielo suele tener por las tardes, podría pasar horas viendo cómo se convierte en un tímido y frío morado, hasta que al fin muere y todo es azul. Pero es un azul oscuro. Si tienes suerte puedes ver unos cuantos puntos plateados parpadeando y unas noches al mes una luna casi perfectamente redonda y brillante, se alza coqueta y presumida por entre los edificios y cuela su pálida luz blanca por la ventana.
Adoro respirar ese aire de 3:43 de la mañana, es fresco y me invita a llenarme los pulmones. Se puede distinguir claramente los ruidos de fuera. La leve música que viene de unos pisos abajo, se ha repetido unas 10 veces, eso significa que la fiesta se terminó y que seguramente olvidaron apagar el estéreo. El rugir de los motores que se escuchan inofensivos y que cruzan esa línea negra llamada calle. Casi puedo ver y sentir todo lo que está pasando afuera. ¿Por qué? ¿Qué hay aquí dentro que mi mente se niega a enfocarse en eso? ¿Por qué no consigo quedarme dormida?
Mi cerebro no quiere estar aquí dentro. Está enojado con mi corazón, que se acurruca cálidamente entre las sabanas y un par de brazos que no me pertenecen. Son sus brazos.
He estado aquí muchas veces, por eso puedo reconocer el panorama habitual de fuera y claro, también el de adentro; sabanas azules, azul claro, a veces moradas y a veces grises. Pero nunca blancas. La cama pegada a una esquina, el ropero en el fondo de la habitación y un escritorio con su respectiva silla cerca de la ventana, paredes..., creo que las paredes son celestes. Tratare de fijarme la siguiente vez. Porque claro, sería demasiado fácil que esta fuera la última.
Mi corazón trata de reconciliarse con mi cerebro y le envía imágenes, destellos y sensaciones de lo que paso hace algunas horas; besos suaves y dulces, caricias que desgarran el alma, respiraciones agitadas y entrecortadas, susurros que son mentira y eso ambos lo sabemos. Tal vez eso es lo que le molesta a mi cerebro, que él sabe que son mentiras, pero que mi corazón empezó a negar desde hace ya un tiempo. El corazón es estúpido, lo sabía, sabía desde el principio como seria y acepto y se protegió tanto como pudo. Pero ocurrió y lo recuerdo perfectamente. Empezó como simple atracción cuando él era un recién llegado. Su nombre es Tim, es extranjero y delgado, da clases en la escuela que está a unas cuadras del edificio de condominios donde vivimos. Vende cigarrillos sueltos para tener monedas para el café. Es gracioso, antes de conocerlo jamás había fumado, ahora no puedo dejarlo, uno o dos cigarrillos al día, tres cuando el día es largo, para no matarme tan rápido. Mi corazón siguió enviando recuerdos a mi cerebro.
-¿Me puedes dar uno?- le pregunte con la mitad de un dólar en la palma de la mano. Ambos íbamos de salida y estábamos en el pasillo, él estaba cerrando con llaves su puerta.
-Sí, claro, solo un segundo- dijo con una sonrisa mientras se guardaba las llaves en el bolsillo y sacaba una cajetilla abierta, saco uno y me lo entrego
-Tengo fuego si necesitas- me ofreció sacando su encendedor
-Es para después- fue mi respuesta- además no se puede fumar en el pasillo- señale el letrero, ubicado estratégicamente a unos pocos metros de su puerta y muy cerca de las escaleras, por la señora Leslie, quien adoraba las indirectas bastantes directas, puesto que era el único piso con un letrero similar. Le agradecí y le entregue la moneda, a propósito traté de que mis dedos tuvieran el mayor contacto posible con su mano. Esa noche fumé mi primer cigarrillo a solas en mí cuarto pensando en él y mientras mi lengua, garganta y pulmones se aclimataban a esa nueva sensación, en mi mente solo podía tener la imagen de sus labios y sus ojos. Le empecé a comprar un cigarrillo todos los días. Accidental o voluntariamente, nunca lo sabremos, creamos una rutina, yo bajaba las escaleras, el cerraba la puerta, yo le compraba un cigarrillo y caminábamos juntos hasta donde nuestra ruta nos permitía y no lo veía en todo el día, en la noche fumaba el cigarrillo, pensando en él. Solo era atracción que usaba para llenar mis fantasías. Juro que él era y es descaradamente atractivo.
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Just... I don't know
Historia CortaTe puedo prometer algo, estas historias serán cortas, serán tristes, serán tan tuyas como mías. Pero no esperes mucho más de mi. No nos debemos nada...
