Contacto

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Fue aquella tarde cuando cambiaron las cosas, te levantaste con el pie izquierdo y tu día comenzó con un gran portazo al salir de tu morada, en la escuela, discutiste con quien se te cruzó por delante, le arrojaste un cuaderno por la cabeza a una de tus amigas y terminaste en la sala del director, te sentaste en un banco de una plaza cercana al salir y lloraste amargamente.

Fue entonces cuando decidí acercarme a ti, sin saludar y sin mediar palabra, me senté a tu lado.

Te abracé, te contuve y dejé un pequeño obsequio bajo el banco, sequé tus lágrimas y me alejé lo suficiente como para darte tu espacio pero sin quitar mi mirada.

Cuando tuviste la entereza suficiente como para levantarte tomaste el libro que había dejado bajo el banco y te marchaste a casa. Te seguí, en verdad creí que ese libro, escrito por mi, podía ayudarte, yo, era escritor, y también muchas otras cosas, pero eso poca importancia tiene.

Hermosa obsesiónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora