Capitulo I

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Lo recuerdo claramente

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Lo recuerdo claramente...

Desperté mientras mis padres discutían, tras la puerta, escondida siempre escondida miré a padre salir apresurado dejando atrás a mi madre, llorosa.
Después de unos minutos ella notó mi presencia y me miró con una mirada sombría... Una que jamás voy a poder olvidar.
—Mi pequeña Pucca, Te Amo, Te amamos. %#2*&€...
Después besó mi frente y corrió en la misma dirección en la que antes había salido mi padre, dejandome sola.
Con paso tranquilo salí por la misma puerta para descubrir por primera vez la magnificencia en una noche llena de penumbra. La luna alumbraba la tierra y algo en ella me hacía sentir ligera, libre pero también pesada, como si mil llagas cruzarán mi pecho.
Un grito ensordecedor me despertó de mi ensoñación y seguí con el mísmo paso etéreo las huellas que supuse eran de mis amados padres.

Para cuando las huellas por fin se perdieron en el lodo mi rosotro se iluminó por unas llamas enormes. Miré detrás de un árbol, escondida, siempre escondida...
Todos estaban en el suelo, debajo de sus cuerpos corría un chorro de color carmesí y no entendía porque no podían moverse.
Repase cuerpo por cuerpo, todos parecían una mamá, un abuelo, algunos hombres con trajes que les cubrían todo el rostro y... Mis padres. Ellos tampoco podían moverse, quize ayudarlos pero un hombre, con el rostro igualmente cubierto le apuntaba con su katana a un niño de cabellos negros.
Le habló a un hombre que tenía el rostro cubierto por ese líquido rojo.
—Podría acabar con toda tu familia, dejarla en la deshonra y que nadie nunca más recuerde el gran poder que alguna vez tú y tus ancestros tuvieron. Pero, ¿sabes?. Me parece mucho más divertido que tu único hijo cargue con esa humillación... Despídete de papi, Garu.
El hombre clavó su espada en aquel hombre y el niño, que parecía tener la misma edad que yo comenzó a llorar.
Cuando el hombre se fue, me acerqué y lo abracé porque parecía muy triste y sin querer comencé a llorar también.
—Están muertos...
Susurró.
—¿Qué es morir?.
Él sonrió y cerró sus ojos, los de sus padres y de los míos también.
—¿Y si les cantamos una canción?.
Propuse.
—Pero yo no sé cantar.
—Yo puedo hacerlo....
Comencé a cantar y a cantar; era una nana que madre siempre me dedicaba antes de dormir.

Los dos estabamos ahí, rodeados de un pasto carmesí y una luna que brilló como nunca lo hizo en mucho tiempo...

Lo que nunca dije...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora