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Recibió respuesta de Zack por el mismo medio la semana siguiente, y de allí en adelante, la comunicación fue mucho más fácil. Sólo tardaban en escribirse cuando el uno o el otro estaba en temporada de exámenes. Y lo comprendían. Escribir un mail sólo tomaba minutos, pero ambos entendían que había días en que no tenías ni siquiera eso de respiro. Nunca se hicieron un reproche. ¡Qué diferente era todo!
De ese modo, Amelia se enteró de que Zack tenía una novia. Y luego, que terminó con ella por alguna tonta razón. Así mismo, Zack se enteró de Andrew, su sobrino, y luego, de que Mary estaba un poco enferma.
Cuando le dijeron a su madre que había algo anormal en los últimos exámenes, y que debía practicarse otro tipo de estudios médicos, Amelia casi había temblado de miedo. Había tiempo, se repetía. Estaban a tiempo. Esas enfermedades son lentas, tardan mucho en desarrollarse. Hay tiempo.
Mary había mirado a su hija no sólo nerviosa por sus propios resultados, sino asombrada porque ella desde el principio había parecido saber lo que iba a ocurrir.
—Yo voy a estar bien —le dijo Mary. Amelia había venido desde San Francisco sólo para verla y comprobar con sus propios ojos que estaba bien—. Mi salud es como un roble—. Sin poder soportarlo, Amelia la abrazó y lloró.
—Tienes que ser fuerte —le dijo—. Sea lo que sea que se avecina, sé fuerte, mamá.
—Sólo es una anomalía. Todavía no han diagnosticado nada grave...
—No importa. Tú sé fuerte.
—No hay otra manera de ser para una madre —sonrió Mary palmeando la espalda de su hija menor—. No hay otra manera.
Se turnó con Penny y su padre para acompañarla a practicarse un sinfín de exámenes, dándole apoyo, diciéndole que estaría bien, que todo pasaría.
A pesar de que los médicos le aseguraban que, por haber descubierto a tiempo lo que estaba ocurriendo había muy pocas posibilidades de que se desarrollara un cáncer, Amelia no dejaba de tener miedo. No hacía más que pensar en los destinos escritos en piedra; ¿y si el de su madre era uno?
No, no, no. No debía pensar eso.
—Supe lo de tu madre —le dijo Damien en una ocasión, acercándose a ella en una cafetería de Paradise. Amelia se sorprendió un poco al verlo, pues no se había vuelto a ver con él desde hacía mucho tiempo, y aunque cuando coincidían en el pueblo él siempre procuraba hablarle, nunca tenía oportunidad, nunca se la daba.
Se sentó frente a ella en la mesa y de inmediato la camarera le tomó el pedido. Damien pidió una cerveza y Amelia no quiso hacer un show levantándose y dejándolo solo. Sólo miró la calle a través del cristal de la ventana.
Él olía bien, a limpio, a loción de hombre, pero aquello no evocó ningún recuerdo agradable en Amelia. Ni siquiera los recuerdos desagradables.
Hacía tiempo que se había declarado curada de Damien.
—Espero que las cosas salgan bien—. Ella sólo asintió sin mirarlo, ni siquiera dijo gracias—. Estás muy guapa—. Eso le hizo torcer los ojos—. De verdad. Lo digo de verdad—. Amelia ladeó su cabeza y lo miró sonriendo sin muchas ganas, y eso pareció molestarlo, pues apretó los labios—. Me preocupo por tu madre, te hago un cumplido... y tú sólo eres grosera conmigo.
—Pobrecito —se burló Amelia, e incluso hizo un puchero.
—No seas así.
—¿Te invité a mi mesa? ¿Te prometí alguna vez ser linda? —Amelia se apresuró a terminar su bebida, pero él, al ver su intención de irse, le tomó la mano.
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Anhelo de amor
Любовные романыCuando en la vida sólo has tenido desamor y traición, cuando todos tus sueños fueron destruidos sin piedad, cuando tu fe en el amor fue roto como un simple papel, sólo te queda fingir que no te importa y seguir adelante, aunque en el fondo... sí te...
