Yesterday all my troubles seemed so far away

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John

Alguien me perseguía. No tenía ni idea de quién era... O qué era. Solo sabía que no era nada bueno, tenía que salir de allí.

Tomé una calle a la derecha encontrándome de cara con la casa de Freddie. Expulsé mi respiración que hasta ese momento no sabía que contenía y sin perder otro segundo atravesé la puerta que daba a la calle, que afortunadamente estaba abierta. Cuando llegué a su portal comencé a picar repetidamente mientras unos pesados pasos de mi perseguidor se acercaban.

-Freddie, por favor-dijé mientras unas lágrimas resbalaban de mis ojos-te necesito.

Se escuchaban voces de adentro el apartamento. Entre ellas pude distinguir la de Freddie y Roger que callaron bruscamente. El silencio fue seguido del portal siendo bruscamente abierto por una despeinada cabellera rubia.

-Roger, déjame pasar.-Le supliqué.

Miro en mi dirección confundido y seguidamente llamó a Freddie para que viniera.

-¿Qué pasa, Rog?-pregunto el mayor mirando hacia donde estaba y a otros lugares sin el menor cambio de expresión.

-Juraria acabar de escuchar algo- mencionó el batería y no pude evitar introducirme en la conversación.

-Fred, Rog, es importante. Alguien me está siguiendo... Dejadme entrar.

Después de estas palabras sus caras empalidecieron enormemente como si hubieran visto un fantasma y retrocedieron lentamente.

-Esa voz...

-No puede ser él...-negó Roger decididamente.-esta muerto.

Me acerqué a ellos pero parecían no poder verme.

Sin previo aviso unas puntiagudas garras se me clavaron en la piel y me alejaron del apartamento y todo lo que conocía.


Grité y grité por lo que me pareció una eternidad hasta que una puerta que antes no había observado se abrió dejando paso a un hombre que nunca antes había visto.
-Ei, ei, ei.-Dijó acercándose a mi- Eso solo fue una pesadilla.

Asentí avergonzado limpiandome unas pequeñas lágrimas antes de salieran de mi ojos.

-¿Dónde estoy?-le pregunté mientras los recuerdos de las últimas horas me volvían a la mente.

-Te encontré en la calle y te desmayaste-explicó preocupado con un ligero acento irlandés- no sabía qué hacer y... pues, te trajé a mi casa .

Asentí recordando bien como escuchaba una voz antes de desmayarme.

-Por cierto, soy Paul Prenter-se presentó extendiendo su mano y en aquel momento ese nombre no me trajo ningún recuerdo a la cabeza.

Había algo en el que me transmitía malas vibraciones pero decidí dejar mis paranoias a un lado. Después de todo, el me había ayudado en la calle.

-John Deacon- estreché su mano sonriendo- gracias por todo.

-No hay de qué.

Intenté levantarme de la cama en la que estaba tendido cuando un fuerte pinchazo de dolor me hizo volver a donde estaba.

-Ahora vuelvo -Dijó apresuradamente y salió de la habitación para poco después volver con un par de pastillas y un vaso de agua.-Esto te quitará el dolor por unas horas. Sería bueno que te las tomases- me sugirió acercándomelas.

Las tomé agradecido y en seguida ya me había tragado ambas con ayuda del agua.

-Gracias.

-Te puedo dejar algunos paquetes, así cuando el dolor vuelva puedas volver a hacerlo desaparecer-ofreció sonriente.

Me sentí mal por haberlo juzgado anteriormente, Paul solo quería ayudarme y estaba siendo muy amable.

-No hace falta, yo -protesté pero él me interrumpió.

-No es problema.-Insistió.-Y si se te acaban ya sabes dónde encontrarme. Además -añadió mientras se apoyaba en un escritorio al lado de la cama con un papel y un bolígrafo.- Este es mi teléfono por si necesitas cualquier cosa.

Volví a levantarme, está vez con éxito y me incline hacia él para agarrar el papel. Paul cruzó la habitación y un poco después volvió con una pequeña bolsa blanca repleta de paquetes que contenían pastillas como las que me había tomado.

-No sé cómo agradecerte todo esto- musite muy agradecido por todo.
-Ya te he dicho que no es ningún problema-me pasó la bolsa que dudaba si aceptar o no, pero acabé tomando- si quieres pagarmelo de alguna forma, solo haz una cosa.

Asentí rápidamente, dispuesto a hacerle algún favor después de toda su ayuda.

-¿Qué?
-Tomate lo que te he dado cuando te sientas mal. Tu salud es importante.

-¿Pero no quieres nada?-murmuré contrariado.

-Te acabo de decir lo que-

-Bueno vale - acepté- muchas gracias por todo.

A continuación me acompaño a la puerta de su casa y nos despedimos. Decidí marcharme a mi casa olvidándome que había salido corriendo del apartamento de uno de mis mejores amigos.

Caminé tranquilamente por un atajo hacia mi casa a través de unas oscuras calles solamente iluminadas por la luz de la luna.
Finalmente, llegué a mi piso y escuché el timbre del teléfono sonar insistente. Guarde la bolsa de Paul en un pequeño armario y dejé el papel que contenía su teléfono en la mesa del comedor antes de dirigirme a contestar el teléfono.
-¿Diga?-hablé, pero justo en aquel momento dejó de sonar.

Volví a colgar el aparato en su lugar y muy cansado me dejé caer en mi cama aún pensando en quien podría haberme llamado a estas horas. Aún con ese pensamiento en mi mente logré caerme dormido.

Ghost(Queen/John Deacon)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora