Capítulo 3: Ángeles en Formación

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Capítulo 3

Ángeles en Formación

La pequeña conversación entre Dios y Andem despertó mucha curiosidad en Tiara y en los gemelos, quienes habían estado mirándoles cada vez que decían algo. Y después que los gemelos siguieron al Señor, Tiara se le acercó a Andem cuando el Maestro se alejó para seguir a los pequeños. Ella no se pudo contener, y acercándose más a Andem, le preguntó:

- ¿Qué fue lo que hiciste?

- Nada extraño. – dijo él.

- Sólo sentí que Arel se marchaba, y quise ver hacia dónde se dirigía.

- ¿Cómo que lo sentiste?

- No me preguntes. No sé cómo lo hice.

- Ya entiendo. Te pasó igual que a mí, cuando sentí que te acercabas.

- Por cierto... - contrapuso él.

- ¡Este no es el momento, Andem! – interrumpió Dios, desde lejos.

- Lo siento, Señor. – se disculpó, mientras se acercaba junto a Tiara, hasta donde estaba Dios.

- Lariob, tú estarás en la meta para declarar al ganador. – dijo el Señor.

- ¡Que así sea! – expresó Lariob, antes de darle la espalda e inclinarse un poco, para súbitamente alejarse a la velocidad misma del rayo.

- ¡Vuela mucho más rápido que yo! – se sorprendió Tiara.

- ¿Viste eso, Andem? – preguntó luego, mirando con asombro hacia el horizonte.

- ¡A pesar de tener alas tan cortas, vuela muy rápido!

Sin embargo, Andem no mostró asombro alguno, sino que se quedó muy pensativo, mirando también hacia el horizonte por donde se había alejado el sorprendente Lariob. Y en ese momento, la silueta del Señor miró hacia el Maestro, quien aún seguía mirando fijamente a Andem.

- ¿Con qué motivo...? – se preguntaba, mientras recordaba los momentos en que Andem leyó su mente.

- ¡Ya no tengo dudas! – pensaba – Andem debe saber quién soy en realidad.

- Tal vez... tal vez por eso comenzó a tratarme con cierto respeto. Pero... ¿Cómo Andem puede mentir en las narices de Dios, sin que Él lo castigue por ello?

- Aclararé todas tus dudas cuando Andem ya esté en La Tierra. – le dijo la voz de Dios, en su propia mente.

- Es riesgoso hablar sobre él cuando está cerca. – agregó Dios. Y justo en ese momento, Andem miró hacia ellos.

- Te lo dije. – volvió Dios a decirle.

- ¡Es que acaso...! – se alarmó el Maestro, causando que Larioc percibiese un leve movimiento de él.

- Imposible. – le respondió el Señor.

- Si Andem lograse penetrar en mi mente, su cabeza estallaría de dolor porque no podría procesar la tanta información que tengo en mi cabeza. Pues sé todo lo que fue, lo que es, y lo que será de todo ser viviente que haya respirado de mi aliento. Y si él escuchó algo, es porque notó que hace rato le mirabas, y quiso saber lo que pensabas. Además, él piensa que lo que escuchó pertenece a uno de tus recuerdos, por lo que no sospecha que en verdad esa conversación se estaba llevando a cabo justo ahora.

Andem: La Última Creación de DiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora