Capítulo 2.

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—¿qué hiciste con la verdadera Cindey?—sonrió sarcástico—¿otra ronda?

Piensa con el cerebro, Cindey. Dije para misma.

—Dale.—respondí decidida.

¿estaba cometiendo un error?

No. Diviértete.

                           ∞            

A los diez minutos, Taylor ya aparecía con dos copas-nuevamente- llenas.

Pero se veían diferentes. El líquido que venía dentro era de un amarillo miel, y no llenaba más de la mitad de la copa.

—Algo más fuerte.— pronunció vivaz.

No hablé en absoluto. Acomodó mi copa sobre la mesa y sostuvo en alto la suya.

—Salud, querida.

Alcé la copa, que brilló con las luces verdes y azules que se remolineaban en la pista.

—Salud.

El tintineo de las copas se grabó en mi cabeza, como un disco rayado. Tink.

   Cerré los ojos y tomé todo el líquido de golpe, como en un habitual brindis. Al abrirlos parpadeé muchas veces y mis párpados encandilaron.

  El sabor metálico de la bebida quedaba aún en mi garganta.

—¡o diablos!— pregoneé—¿que diablos era esa cosa?

Cuando recuperé la vista de nuevo, Taylor también se veía aturdido.

—Tequila.— respondió haciendo muecas desagradables.

Mi cabeza daba vueltas. Me levanté de la silla y me tambaleé un poco. Thiara no estaba por ningún lado.

  Alguien me agarró del hombro y volteé asustada.

  Era Taylor.

—Oye tranquilizate—dijo— sé que te sientes algo aturdida, pero nada mejor que esto.

Metió la mano en un bolsillo de su abrigo y sacó una bolsa negra y muy pequeña.           Rápidamente saqué mis conclusiones.

—Yo no voy a a hacer eso.—dije con dificultad—yo no soy una drogadicta.

Sus ojos se oscurecieron.

—Cindey, tienes que hacerlo, si llegas así a tu casa tus padres te van a dejar a dormir en la calle.

  ¿si llegó así? ¿tenía un aspecto muy notable?

Taylor respondió como si leyera mis pensamientos.

—Te ves terrible, sin ánimo de ofender.

—¿y no hay forma de que...— no terminé de preguntar. Algo se deslizaba por mi garganta, hacía afuera, muy ácido y desagradable. Vómito.

  El pánico me invadió. Como cuando estás haciendo una tarea en la clase que la van a revisar. No puede ser.

Corrí al baño frenéticamente, mientras oía que los gritos de Taylor se alejaban.

  Llegué. Había dos cabinas. Una estaba ocupada. Y la otra se entrecerraba y hacía un chirrido. Crr...shh.

Abrí la puerta de golpe y me sorprendió lo que estaba viendo. El vómito desapareció como si nada.

Thiara estaba ahí. Pero no estaba sola. Estaba con otra chica. Y la escena que ví... intenté borrarla de mí cabeza. Salí del lugar aterrada.

—¡Cindey! ¡espera!— gritó desesperada.

Corrí. Mientras lo hacía, mi reflejo se veía en todos los espejos. Mis ojos estaban rojos. Y estaban acompañados de unos horribles círculos oscuros.

  Al salir, encontré a Taylor, parado en el umbral del baño de mujeres.

  Me paré frente a él, me acerqué a su oído y le susurré:

—Dame esa píldora.

  Sacó la diminuta bolsa de su bolsillo.

—¿estás segura?

Abrí la boca y pronuncié la palabra. Si.

Inclinó la bolsa sobre mi boca y la abrí lentamente. La pastilla ya estaba en mi lengua, y me tomé aquél asunto como una decisión muy importante.

  Finalmente, la pastilla se deslizó por mi garganta. Era como una metáfora. Estaba cayendo por un abismo. La pastilla era yo, y mi garganta, era el camino al abismo.

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Gracias por leer está novela (: recuerda que será un capítulo por día :3 vota y comenta.

 

Make Me Wanna DieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora