Carta para ella

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Aquella tarde que apareciste en la puerta de mi casa te veías decidida a moverme el mundo.

Permíteme hablar con franqueza; yo no  soy capaz de abrumarte con esas típicas frases explicando mis sentimientos (los cuales francamente no sé explicar), y sé que este tipo de actos te gustan, o eso imagino con lo poco que te conozco. Sabiendo esto (y te recuerdo que no soy bueno expresando lo que siento), antes de que decidas dejar de leer las palabras de este melancólico prosigo a lo importante.

Tengo malas experiencias con personas como tú, porque básicamente no pensé que realmente conocería a una tan peculiar, y eso supone un reto enorme para mí al no saber qué hacer para mantenerme en tus pensamientos, cosa que tú haces muy bien conmigo y sin siquiera entender cómo. No me malinterpretes, las personas como tú, con esa manera de pensar que me has enseñado, son precisamente las que quiero en mi vida.

Perdí las riendas al confundir tu amabilidad y cariño con algo inmensamente parecido; atracción. ¿Te atraigo? Puedes ver que no lo tengo claro, ni una pista me regalas. Aún dejándote todo en las palmas de tus pequeñas manos no me regalas alguna pista de qué debería sentir realmente, y eso te lo reclamo. Te lo reclamo con dulzura y cariño porque no conozco sentimientos menos agradables contigo, así hasta que conocí tu ausencia. Aquella que al manifestarse sacudió mi mente la cual no para de crear incertidumbres insignificantes. Sería mucho más eficiente preguntarte el motivo de tu lejanía, pero la gracia de la dificultad y el misterio se perdería, cosa que estoy seguro haría que te desprendieras de mí de manera definitiva.

Esa esencia de complejidad que nuestros actos manejan es, sin duda, uno de los grandes causantes de mi atracción inminente hacia ti. Todo esto ya lo sabes muy bien, toda la voluntad que tengo por darte mi tiempo, mis palabras y mis consejos ha crecido bastante, sin embargo, esta carta no es para expresar la obviedad de mis sentimientos, es para algo diferente.

Se han sentido años desde aquella velada en la que tu sonrisa se sobreponía en mis besos burlándose de manera magnífica del pobre hombre que moría por probar tus labios una vez más, te adueñaste de manera egoísta de mis pensamientos los días siguientes y, bajo el peso de tus pocas expresivas palabras, contenía la necesidad de decirte "Huyamos de todo". ¿Qué sucedió después? ¿Qué cambió todo? Corriste rápidamente de este lugar sin decir por qué. Lo más curioso es que jamás te fuiste, solo te quedaste ahí parada con una expresión mucho más complicada de entender que la primera vez que te vi.

Entre juegos de palabras deseo que no hayas entendido muchas de las cosas que manifesté, puesto que tengo la corazonada de que nada cambiará, y la tendencia marcada en nuestra historia continuará hasta el adiós.

Si es posible, espero encontrarte en otra vida donde empiecen las cosas desde cero. Donde tal vez sea el tipo de persona que buscas aún sin buscarla realmente. No cuesta soñar con tu regreso y me pregunto dónde estará la chica que aquella vez conocí. Espero verte pronto, te extraño.

Con cariño...

EllaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora