Le dije adiós tantas veces que llegó a ser una forma de no irme nunca.
Cada vez que decía adiós me retumbaba la calma en los costados porque no era adiós, era estoy aquí, era ven a buscarme que sólo tú me encuentras.
Decirle adiós era acorralar a la esperanza. Era esperarle y perderle al mismo tiempo.
Adiós. Adiós. Adiós.
Perdí la cuenta; dije adiós más veces de las que merecía, de las que podía soportar.
Decirle adiós fue atarme a su recuerdo en la cárcel del olvido. Y a la vez atarme al olvido en una cárcel de recuerdos.
Le dije adiós de tantas maneras. Le dije adiós con tantos restos de 'ven ya' en la boca, que sólo se cumplió cuando no lo pronuncié.
Acabé descubriendo que para que pudiera ser una despedida, no tenía que dirigirme a su corazón sino al mío.
Adiós a mi, adiós a mi contigo. Adiós.
Eso decía uno de los poemas de Sara Búho, y yo no puedo evitar leerlo con lágrimas sobre las mejillas.
Tendría que haberle dicho adiós la primera vez que no se dio. No tendría que haber jugado con la fortuna, porque si, en su momento funcionó. Pero, ¿cuánto funcionó? Meses donde fuimos felices, donde ambos nos mentimos mutuamente. Donde cerramos los ojos e imaginamos un futuro juntos. Donde pensamos que todo iba a salir bien, pero ¿a quién engañar? Los dos sabíamos que esto no iba a llegar lejos.
Un futbolista bastante conocido, la hija de un ex-futbolista internacional. ¿Tanto nos pudimos engañar?
No pude decirle adiós la primera vez que paso todo con Guillermina, pero podría haberle dicho adiós esa noche en la cena. Donde deje que me llevé a casa, y todo volvió a la ''normalidad''. Entre comillas, porque no hicimos más que equivocarnos.
Él y yo no deberíamos haber estado juntos. No deberíamos habernos enamorado, simplemente no. Porque ahora toda la historia se concentra en mí, llorando en mi cama mientras pienso en todo lo que no fue y no va a ser.
Ambos nos repetimos que nos enfocaríamos en el presente, pero con dos dedos de frente, ¿quién es tan idiota para no pensar en el futuro? Estas posibilidades cabían, pero quisimos no pensar en eso. Y volvemos nuevamente al presente.
Leonardo se iría a Alemania mañana y yo no pude verlo, no quise. No quería despedirme de él, simplemente no podía.
Cuando me enteré, y no por él, si no por un amigo de él, no quise verlo más.
Hace una semana ya que me enteré, y fue todo muy repentino. Una puta semana antes, me tomo totalmente por sorpresa. Y me rompió, en todos los sentidos.
Balerdi me llamó muchísimas veces por día, me mensajeó, hasta vino a mi casa. Mi papá se encargo de pedirle por favor que se vaya, que respete mi opinión.
No quería verlo porque me terminaría de destruir. Él se iría a Alemania y todo iba a cambiar. Iba a conseguir otra novia, se olvidaría de mí, y de tan solo pensarlo me duele muchísimo. Entonces no, no puedo despedirme de él. Prefiero quedarme con todos los lindos recuerdos, como cuando me despertaba haciéndome cosquillas, o cocinábamos juntos. Las noches de películas que terminaron en guerras de almohadas, o cuando me acompañaba al parque a hacer tela.
¿Y ahora cómo iba a hacer tela sin acordarme de él? Simplemente, no puedo.
Me duele imaginarme yo haciendo mi vida como si él no existiera, cuando en realidad esta a miles de km trabajando. Pero es lo que hay, Leonardo va a hacer su vida y yo también.
Al fin y al cabo, solo somos dos pendejos que nos enamoramos perdidamente y el destino no estuvo a su favor.
Y me va a doler no haberme despedido de él, pero más me hubiese dolido despedirme de él sabiendo que nuestra historia ya es pasado.
leobalerdi5 28min
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