El mexicano no podia creerlo, era un sueño hecho realidad. ¿Que estaba pasando? Fácil, el alemán le había pedido matrimonio a México, era el día más feliz de su vida.
Alemania aprovecho la mejor situación que pudo; enfrente de una de las bellas playas mexicanas, ambos paseaban por la arena, pero pararon su tranquilo caminar cuando el europeo se arrodilló enfrente de el de sangre azteca, saco una pequeña caja negra, y la abrió dejando en visto la hermosa joyería, mientras recitaba esas palabras que toda pareja desea escuchar o decir.
–Mexico... ¿T-te quieres casar conmigo?
Pobre Alemania, casi se queda con las palabras en la boca. Pero ante el atardecer, el mar y la hermosa arena de esa playa, junto con su pareja con aquella propuesta, el mexicano solo puedo decir;
–S-si... ¡Claro que me quiero casar contigo!
Menciono con felicidad y lágrimas en sus ojos el tricolor y emblema de águila.
Ambos se consumieron en un bello beso, lleno de amor y cariño, pobre de México, no sabía que sería el último beso tan lleno de sentimientos...Tres meses...
En tres meses sería la boda...
¡México, tienes tres meses para salvarte!
Pobre chico...
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