CLV

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Nuestra alma es como una semilla: sembrada en lo profundo, escondida bajo tierra, en silencio. A simple vista, parece que nada ocurre, pero en ese aparente vacío comienza el milagro del crecimiento. Así florecieron los grandes espíritus del ayer: no en medio del ruido, sino en la quietud, lejos de las voces que dudan, en el terreno fértil de la soledad. Los milagros del cambio no llegan con estruendo, sino cuando todo parece quieto, cuando crees que nada pasará. Y es ahí donde el alma empieza a abrirse paso, empujada por la fe y sostenida por la perseverancia. Por eso, nunca te rindas. El potencial que llevas dentro no despertará por la fuerza del momento, sino por la constancia del propósito. Dios no creó la semilla para que quedara dormida, sino para que creciera, diera fruto, y se convirtiera en refugio para muchos. Cada proceso invisible cuenta, porque todo gran árbol comenzó un día como algo pequeño.

Antes que fueran ríosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora