Kartan
Todos los años que había estudiado los encontraba aburridos, uno de mis privilegios era la perfecta memoria y solo bastaba con que leyera dos veces un libros para recordarlo muy bien. Había pensado que este año sería igual que tendría que sentarme en el salón y observar como los demás se rompían la cabeza al estudiar. Pero había algo diferente y me di de cuenta de ello desde el primer día de clases, al parecer alguien le encantaba ser un alumno ejemplar y vaya que destacaba. Quería hacer caso de la advertencia de mi papá y no dirigirle la palabra más nunca, pero parecía que eso me iba resultar imposible. Era una presa muy fácil de molestar y eso me resultaba muy divertido.
Todo resultaba ir perfecto, aunque mi interes por la escuela fuera el mismo me había propuesto entrar a ciertas clases y elaborar todos los exámenes. Las clases de educación física eran mis favoritas eran las únicas donde podía usar mi fuerza me gustaban los deportes y me encantaba ganar. Podía ver como la Hackman hasta estudiaba en la horas de descanso en la biblioteca por lo que había decidido molestarla hasta en estas optando por dormir delante suyo.
Me mostraba enojado mientras me acomodaba en una de las sillas de la biblioteca de la institución. Faltaría a mi primer día de clases de la semana, ya no soportaba lo exasperantes que pueden ser las chicas.
Ya ni siquiera soportaba recibir cartas de confesión, su comida favorita, invitaciones, dulces, muñecos de felpas y todas las otras cantidades de cosas que dejaban en su casillero (sólo tres días atras habían dejado un muy insinuador brasier de encaje negro que Konrad usó sobre la cabeza durante todo el periodo del almuerzo).
Enojado acomodé una silla de la biblioteca de la biblioteca, faltaría a la segunda hora de clases.
Estaba por dormirme sobre una de las mesas cuando escuché unos libros caer. -¿Ahora quién diablos es?- pregunté molesto, pero la respuesta no llego al a lo que me llevo alzar la mirada y encontrarme con Hackman la cual al parecer venía por unos libros.
-Disculpe me retiro- y sin más abandono el lugar mientras veía como un papel caía atrás de ella.
Me levanté de la silla y caminé hasta llegar donde se encontraba el sobre el suelo. Miré la puerta y ella ya no estaba.
Enserio, ¿quien era tan tonta como para perder algo tan personal?
Tomé el sobre en mis manos y camine hasta la silla nuevamente tomando asiento.
¿Lo abro o no lo abro?
Imaginé a mamá regañandome y darme una charla sobre respetar el espacio personal de las personas, bla, bla, bla.
Al diablo; lo abriré.
Estaba a punto de abrir el sobre cuando el puertazo de la puerta me hizo dirigir mi mirada a alguien idéntico a mi.
-¿Que quieres ahora?- pregunté mirándolo con recelo.
-¿Que quieres ahora?- arremedó mirándome con burla.
-¿Que tienes en la cara?- pregunté guardando el sobre dentro la mochila que dejé encima de la mesa.
-Jugué con Kyle- cada vez que Konrad y Kyle jugaban fútbol en la cancha del instituto, se emocionaban, jugaban rudo, después se iban a los golpes.
Ah eso se le llamaba choque de personalidades.
Observé su rostro rojo lleno de curitas y pomadas.
-¿Fuiste a la enfermería?
-Hubo un milagro- sus ojos se iluminaron.
-¿Que cosa?- lo miré confundido.
-Encontré pomadas y curitas en mi casillero- sonrió encogiendose entre sus hombros- y encontré una paleta- sacó del bolsillo de su pantalón una paleta de fresa, sacó la envoltura tirandola en el cesto de basura y luego metió la paleta a su boca.
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Entre Vecinos
Teen FictionDesde pequeños, papá nos inculcó odiar a nuestros vecinos del frente. Y se me hacía fácil. Nuestras empresas se odiaban Al igual que nuestras familias y amigos. Apuesto a que hasta nuestras mascotas lo hacían. Hasta que llego ella. En algún mome...