Eran alrededor de las once de la noche y Will había salido, dejando a Jessica, su novia, para que vigilara a los adolescentes. A las nueve de la noche era cuando todos los menores de doce años debían ír a la cama. Mientras que los más grandes dormían cuando podían y querían.
Había salido a la cocina a ver a los chicos y chicas, que bromeaban y jugaban juegos de mesa o simplemente veían la televisión. Hasta que vió a un niño bastante conocido, entre todos esos adolescentes. El pelinegro.
Se acercó sonriendo y le extendió una mano, que este tomó inmediatamente. Caminó con él hacia el largo pasillo, alejandose del sonido de las voces y risas, para poder conversar en paz.
ㅡ¿Qué haces despierto? Es tardeㅡ dijo, acariciando su manita. El pequeño asintió y la miró haciendo un puchero. Más aparto la vista segundos después
ㅡNo podía dormír...ㅡ dijo, mirando hacia el suelo. Jessica sonrió y acarició su delgado rostro, se paró y comenzó a caminar nuevamente. Siendo seguida por el confundido pelinegro. ㅡ¿A dónde vamos?ㅡ preguntó, en voz baja. Ella no respondió, solo abrió una puerta de las tantas que había en el extenso pasillo. El calor del cuarto le devolvió el color rojizo a sus mejillas.
ㅡEste es el cuarto de Willㅡ susurró ella, sentandolo sobre la cama. Acercandose luego a la cuna en la que estaba la pequeña SeungHee, tomándola en brazos. Para luego dejarla sentada en el suelo, donde ella se paró segundos después. Con pasos torpes y tambaleandose, llegó hasta las piernas del pelinegro.
ㅡNeneㅡ balbuceó la bebé, sonriendo, dejando ver sus dientes inferiores, los únicos que tenía. Jessica sonrió y se acercó a su hija, pasando sus manos por su pancita, sosteniendola.
ㅡSi, nene...ㅡ susurró. Luego miró al chico, con los ojos grandes y dijo: ㅡ¿Te gusta el chocolate?ㅡ el asintió y ella dejó a la bebé a su lado, antes de gatear hasta el armario en una esquina del cuarto. Abrió sus puertas y metió una mano hasta el fondo, cuando la sacó, tenía una cajita de color rojo en ella. ㅡAquí estásㅡ susurró y cerró las puertas del mueble.
ㅡTen, son bombónes. Los escondo ahí porque es el único lugar al que ella no puede llegarㅡ señaló a su hija, quien comenzaba a mirar a los chocolates con deseo. Se acercó a ella y la tomó en brazos, sentandose en un pequeño sofá. El cuarto era como un mini departamento, inclusive tenía su propio baño, increible.
ㅡGra-gracias...ㅡ susurró y abrió el empaque de los dulces. Hacía mucho tiempo que no comía uno de esos, no lo había hecho desde que, bueno, desde que quedó huérfano. Inhaló el dulce olor a cacao, impregnando sus pulmones en este. Delicioso. Con cuidado tomó uno y lentamente lo llevó a su boca, saboreandolo con delicadeza y tomandose su tiempo.
ㅡ¿Está bueno?ㅡ oyó la voz de Jessica, la miró de reojo y asintió. Tomó uno más y dejó la caja sobre la cama.ㅡNo, peque. Son tuyosㅡ dijo ella, él volteó, señaló los dulces y se señaló a si mismo.
ㅡ¿Mios?ㅡ preguntó. Jessica asintió, sonriendo. Mientras mecía a su hija, quien había bostezado varias veces. El pelinegro estaba seguro de haber sentido algo más en su lastimado corazón, una pequeña chispa de alegria, más la ignoró.
ㅡVenㅡ dijo ella palmeando el lugar a su izquierda. Él dudo unos instantes pero gateó por la cama y se sentó a su lado. Jessi sonrió y lo abrazó, dejando que reposara su cabeza en su torso. Comenzó a tararear una canción en voz baja. Seung ya se había dormido y ahora descansaba su cabecita sobre el pecho de su madre. Y parecía que el pelinegro iba por el mismo camino, comenzando a cerrar sus ojos. Luego de unos minutos, ambos niños dormían plácidamente, la puerta se abrió. Era William.
ㅡNo sabes lo que des...ㅡ Su voz desapareció a mitad de la oración por la escena frente a sus ojos. Jessi le hizo señas para que se acercara y así lo hizo.
ㅡSostén a Seungㅡ le dijo y William la tomó en brazos, se acercó a su cuna y la recostó allí, tapandola con una manta. Giró y vio a Jess recostando al pelinegro, arropandolo. Se acercó a ella y la tomó del brazo, arrastrandola fuera del cuarto.
ㅡ¿Qué ocurrió?ㅡ dijo ella.
ㅡSe llama Daniel, tiene once años y sus padres eran coreanosㅡ hablo , mirando al suelo.
ㅡSi, ambos. Pero... fue un asesinato. Su padre asesinó a su madre y luego se disparó en la cabeza. Todo frente a él. Y cómo si fuera poco, abusaba de Daniel.ㅡ la rabia en su voz era casi palpable. Además una vena se marcaba fuertemente en su cuello.
ㅡ¿Qué harás?ㅡ tomó su mano, mirandolo a los ojos.
ㅡNo tengo idea, pero no lo dejaré aquí soloㅡ.
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