Nunca me di cuenta, me resistí en aceptar que aquella cruda realidad me estaba sucediendo justo a mí, pero en medio del aquel suceso me supe egoísta, me supe diferente.
Me sentía idiota y demasiado cruel reclamandole al destino lo que yo mismo había provocado.
¿Qué derecho tenía yo?
La hice tanto daño sin que ella se diera cuenta. La lastime, le rompí el corazón y aún así, ella sonreía.
Muy tarde me di cuenta que a mi lado tuve a una gran mujer, que siempre estuvo para mí. Y por unos eternos segundos la sola idea de haberla perdido hacía eco en mi mente.
Quería retroceder el tiempo, corregir mis errores, no comportarme como un completo idiota y a aprender a amarla como ella se merecía.
Ya era tarde...
La engañe, la lastime, hice que derramará tantas lágrimas por mí.
Me arrepentí.
Me arrepentí de haber perdido su amor.
Ese fue el precio de ser un maldito diablo...
