El mundo esperaba por ella...

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Lo amo desde siempre, con tanta pasión con tanta ternura, que tenía mucho miedo de confundirlo...

Por eso, escribía para él, por él.
Escribía porque había aprendido a amar lo que plasmaba en esas preciadas hojas de papel.
Escribía porque sabía que aquellos sentimientos quedarían ahí, para siempre, en la historia.

Los mejores versos de amor, los sentimientos más puros jamás dichos, lo que se podía apreciar como poesía pura y auténtica; jamás, nunca fueron leídos. A nunca nadie se le erizo la piel.

Él nunca los leyó, él nunca la leyó por más que ella fuera un libro abierto, él nunca supo que había sido fuente de inspiración.

Por eso, cuando ella decidió escribir para sí misma.

El amor, y el mundo esperaban por ella.

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