Japón, 1868.
Muchos estábamos en desacuerdo con el gobierno del príncipe Tokugawa Yoshinobu. No era digno del cargo que tenía y abusaba de su poder cada vez que tenía la ocasión, muchas familias entraban en la pobreza y otras tantas fallecían por su causa. Él era un joven despreciable y codicioso, tenía unos años más que yo y sin embargo parecía todavía un niño de cinco años en muchos aspectos.
Los hombres nos reunimos varias veces hasta que decidimos que le sacaríamos su poder a la fuerza, asesinándolo. El siguiente hombre al trono era un hombre honesto y humilde, mas también fuerte y determinado, ese era el líder que queríamos tener. Para muchos yo soy solo un niño al tener tan solo 18 años, pero al saber de mis poderes los demás decidieron encomendarme a mí la tarea de matar al príncipe. Lo cual haría con mucho gusto, no pensaba fallar ya que mi vida estaría en riesgo y si algo salía mal, podría haber grandes consecuencias para todos.
Me terminaba de preparar para marchar, cuando mi hermana y su prometido entraron a mi habitación. Hiroto era el que había propuesto el plan que se estaba por llevar a cabo así que seguramente venia a recordarme todos los pequeños detalles.
–...Y recuerda también que debes asesinar también a la prometida de Tokugawa, si ella se encuentra en la habitación. No puedes arriesgarte a que más tarde te reconozca y te asesinen por esto.
–Lo sé, no he olvidado nada Hiroto. No les fallare.
–Lo sé, ten cuidado.
–Es una pena que la joven también deba morir, mientras que yo estuve en su servidumbre me hice muy amiga de ella y me dijo que la habían obligado a comprometerse con el príncipe. Incluso me hizo prometer que no le contara a nadie sobre su odio hacia su prometido –ella se quedo pensando unos segundos y de repente se volteo emocionada– Eso es, podríamos dejar que la joven viva con nosotros. Ella nos apoyaría en esto.
– ¿Estás segura que no mentía? –Para Hiroto siempre había sido difícil confiar en las personas, así que no era extraño que desconfiara.
–Sabes que soy buena descifrando cuando una persona me miente, y ella era totalmente sincera. Ella es como una flor de loto, pura de espíritu y muy hermosa, no merece ser castigada por los errores de alguien a quien ni siquiera ama.
–Bien, si la encuentro le diré que voy de tu parte, Mei, a ofrecerle refugio. Pero si no quiere venir, no me arriesgare a que luego me identifique.
–Me parece bien –mi hermana se me acerco y me abrazo– Ten cuidado, lo que más me importa es que tu salgas ileso.
–Lo tendré Mei, estaré de vuelta antes de que siquiera notes que me marche –le sonreí para tranquilizarla– es algo que debo hacer por el bien de todos. Después de esto estoy seguro que viviremos mejor.
Luego de que me revisaran para ver si tenía armas me dejaron entrar para "visitar" el hogar del príncipe. Desde hacía un tiempo que dejaban entrar a las personas en lo que sería una "visita turística" por todo el terreno que ocupaba el reino, siempre acompañados de algunos guardias que vigilaban a cada grupo. Para mí no sería complicado escabullirme de ellos y con mis poderes fácilmente me desharía de Tokugawa. Lo único con lo cual corría riesgo de que me reconocieran era mi cabello blanco, pero antes de marcharme Mei me dio una peluca que utilice desde salir hasta ahora, que todavía llevo puesta. Con el cabello castaño era como cualquier otra persona que estuviera aquí, no destacaba en lo absoluto. Y aunque normalmente me gustaba llamar la atención, en este momento agradecía el ser solo "uno más" de los visitantes.
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Let Her Go
FanfictionJack ha olvidado gran parte de su vida, a la mujer que ama y el pasado que ambos compartieron. Y al entender que necesitará más ayuda de la que cree para poder recordar todo, se emprende en un viaje en el que volverá a ver a viejos amigos y conocerá...
