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Al día siguiente, cuando se abrió la puerta de la cafetería, Jungkook levantó la mirada de su bollo de crema. Taehyung entró, con la cabeza baja, su cabello rubio bajo una gorra y las gafas de sol casi ocultando su cara. Y, como siempre, se dirigió a la esquina. Pero se detuvo de golpe al ver que "su mesa" estaba ocupada por dos mujeres. Se quedó parado un momento y luego se volvió hacia la puerta.

Pero, de repente, volvió a girar para dirigirse a otra mesa, en el lado izquierdo de la cafetería. Se movía como si alguien estuviera apuntándolo con una pistola, con gestos bruscos y tensos. Luego se dejó caer sobre la silla y empezó a leer el periódico como si le fuera la vida en ello.

Jungkook lo miraba por el rabillo del ojo. Habiendo tenido que luchar contra una tímida naturaleza cuando era adolescente, simpatizaba con la timidez de Taehyung. Pero era doloroso verlo tan introvertido, tan apartado del resto del mundo. Y, de nuevo, tuvo que contener el deseo de hablarle porque sabía que saldría corriendo. Pensaría que era como el tipo del azúcar el día anterior, el que intentó ligar con él de manera tan poco original.

Estaba seguro que no era por eso por lo que sentía el deseo de acercarse. Sí, era una persona muy sexy y sí, había sido la estrella de muchas de sus fantasías adolescentes, especialmente cuando se convirtió en modelo.

Pero el sentimiento que experimentaba cada vez que lo miraba no era deseo sino compasión. Parecía una persona necesitada de una palabra amable. Lo cual era absurdo, considerando cómo debía ser su vida.

Seguramente iría de un desfile de moda a otro. Probablemente no se levantaba de la cama por menos de diez mil dólares y casi con toda seguridad le decían a todas horas que era precioso.

Y, sin embargo, Jungkook seguía sintiendo la imperiosa necesidad de levantarse para hablar con él y asegurarle que le pasara lo que le pasara, todo iba a salir bien y no debía preocuparse.

Pero no tenía la menor duda de que Taehyung saldría corriendo si se atrevía a acercarse, de modo que no sabía qué hacer. Probablemente debería terminar su bollo de crema, olvidar a Kim Taehyung y volver a su apartamento para ponerse a trabajar. Después de todo, tenía una fecha de entrega para los dibujos.

En lugar de eso, leyó la columna de Consejos de un anónimo, mirándolo ocasionalmente para ver si sonreía mientras también leía la irónica respuesta a una chica de veinticinco años que se quejaba porque sus padres no la ayudaban económicamente. O si se preocupaba como él por la madre que pedía consejo para evitar que pegaran a su hijo en el colegio.

Tal vez aquella escena tendría lugar todos los días durante años: Taehyung sentado contra la pared, tenso y silencioso durante veinte minutos, probando apenas el café y el bollo que había pedido antes de levantarse para salir de la cafetería. Y él mirándolo y preguntándose qué habría sido de su vida, pero sin ser capaz de acercarse.

Lo hacía sentir como si estuviera en el instituto de nuevo y ésa no era una sensación que a un hombre de casi treinta años le gustase experimentar. Él había llegado lejos en la vida, pero aparentemente no demasiado lejos. De modo que o hablaba con Taehyung o cambiaba de cafetería.

Jungkook se quedó pensativo un momento y luego tomó su cuaderno y empezó a escribir.

Aparte de que le gustaban mucho los bollos de crema de Jin, él nunca había temido un reto.

In the cafeteriaºKVº ADAPTACIONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora