- ¿Podrías hacerme el favor de no hacerme perder el tiempo nada más empezar el día?
- Vamos Gerald, solo quería un poco de compañía. ¿Acaso no se me permite echar de menos a mi hermanito favorito?
- No han pasado siquiera tres horas desde que te has ido. Si te aburres céntrate en repasar toda tu zona e invierte tu tiempo en algo productivo en vez de molestarme.
Conrad estaba descansando en una pared cercana al hotel donde se hospedaba, allí en el sur de Crimson City, y había dejado a sus hombres investigar la ciudad en busca de pistas que pudiesen indicar el paradero de Leonardo. Había dado un par de vueltas por la zona sin encontrar nada y no le atraía nada la idea de rebuscar cada rincón de la ciudad sabiendo que tenía pocas probabilidades de toparse con el muchacho que estaban buscando.
Al final había optado por buscar a su ritmo, con calma, yendo allá donde le apeteciese, y ya si sus hombres daban con algo le informarían.
- Relájate Batman, estás muy tenso. Además, hay menos probabilidades de que pueda encontrar algo del chico aquí. Ciego, descalzo y calado, con la que ayer caía, lo más seguro es que esté en algún callejón de la zona Norte.
- Déjate de suposiciones y haz lo que padre te ha ordenado. No me vuelvas a llamar si no es porque has encontrado algo.
El joven iba a responderle, pero Gerald había cortado la llamada. Conrad chasqueó la lengua y rebuscó entre sus bolsillos su caja de cigarrillos.
- Tan soso y serio como siempre. Debería buscarse una novia, a ver si al menos vive un poco.
Sonrió y se encogió de hombros, llevándose la llama del mechero a la punta del cigarro, encendiéndolo. Se colocó el fedora mientras inhalaba el humo, no le gustaba especialmente el sabor del tabaco pero le gustaba la sensación que le dejaba. Culpa de la nicotina, supuso.
Conrad era el hijo mayor de Hooligan y era quien se encargaba de conseguir el material necesario para la organización de su padre: rifles, pistolas, armas blancas, ... ; y a mayores solía ser quien realizaba misiones de incógnito a las afueras de la ciudad, pues gracias a su carisma, le era muy fácil manipular y engañar a la gente de su entorno con tal de sonsacar cualquier dato relevante que pudiera mejorar la situación de la mafia.
En cuanto a fuerza su hermano le ganaba con creces, pero pensaba que a nivel de agilidad e inteligencia era mejor que él, aunque esta última no solía demostrarla pues su carácter despreocupado no la dejaba ver. Además, tenía una gran puntería, y todos saben que por muy fuerte que uno sea no se puede ser rival para una pistola, mucho menos si la bala acaba entre ceja y ceja.
Su relación con Gerald era...complicada. Eran hermanos solo por parte de padre, de hecho ni siquiera conocían a sus madres, poco le importaba. Nunca se llevaron bien, ni siquiera de pequeños, sobre todo cuando su padre le hizo aquella cicatriz a Gerald. Sus personalidades chocaban, pues eran totalmente opuestos, pero Conrad se esforzaba en que al menos pudieran cooperar para mantener el prestigio de la familia Hooligan. Aunque eso no le obligaba a molestarle de vez en cuando, pues aunque le pareciera una persona aburrida le encantaba hacerle perder los nervios. Pero desde cierto incidente que tomó lugar en el despacho de su hermano, con una mujer y con unas cuantas botellas de más tuvo que bajar la intensidad de sus actos.
Miró su reloj: las once y cuarto de la mañana. Supuso que sería un buen momento para tomar un café. Al fin y al cabo no había desayunado, y como no había dormido mucho necesitaba un chute de cafeína para despertarse del todo.
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La Niebla De Tus Ojos
RomanceNo aguantaba más, necesitaba escapar. Leo había estado planeando desde hacía meses, y estaba deseoso de huir de una vida en la que solo podía sufrir. Aquella mansión, aquel hombre que le mantuvo preso durante diez largos años... Sabía que la mafia d...
