Ariel, Aline y yo nos bajamos del taxi. Mis padres iban en uno que había aparcado justo detrás de nosotros.
Ariel y yo nos despedimos ayer de nuestras amigas y compañeras de trabajo, mientras que Aline por fin dejó a su novio, Seth, el cual, por cierto, nunca me ha caido bien.
Entramos al aeropuerto cuáles Ángeles de Charlie y caminamos por él hasta embarcar en el avión...
- Disculpe, ¿necesitan ayuda? - nos preguntó una azafata que parecía simpática. Nosotros asentimos - Les acompañaré a sus asientos.
Caminamos siguiendo a la azafata hasta que esta se detuvo en seco. Nos miró preocupada.
- Señor Preston, parece que hemos tenido un problema en la administración de los asientos y en vez de cinco plazas, como ustedes encargaron, quedan vacantes cuatro.
- ¿Y que pretende? ¿Que uno de nosotros pase el viaje de pie?
- En realidad, el asiento que falta es de la señorita Preston.
¿Como no?
- Ya hemos pagado el billete y no puede pretender ni dejarla en tierra ni que vaya de pie - dijo mi padre levantando un poco la voz.
- Disculpe señor, le devolveremos el dinero. En cuanto a la señorita Preston - dijo la azafata dirigiéndose a mi - hay asientos libres en la clase turista, la acompañare si usted quiere.
- Oh no, de ninguna manera... -intervinó mi padre.
- Papá, papá tranquilo, iré y estará todo bien, la comida va a ser igual de mala aquí que allí - Pusé fin a la discusión y seguí a la azafata que me hizó un gesto con la mano.
Me dirigió hacia el final del avión y me indicó un asiento, en el contiguo se sentaba un chico que miraba por la venta. Le dirigí una sonrisa a la azafata y me senté.
- Hola - dijé con una sonrisa. El chico giró a verme y me sonrió cálidamente para luego volver a mirar por la ventana.
Me coloqué los auriculares y Shawn Mendes con "Something big" empezó a sonar, el sueño poco a poco iba apoderándose de mi, estaba agotada de cargar cajas para que el equipo de mi madre las llevará a Madrid, así que pronto Morfeo acabó por apoderarse de mi.
(...)
Desperté con esa sensación de que caes al vacío y no tienes a que aferrarte. Dí un fuerte respingon en mi asiento y enganché lo primero que pillé.
- Wowowo, tranquila fiera - giré bruscamente y el chico de antes me miraba divertido - solo estamos aterrizando - dirigió una mirada a su brazo y yo hice lo mismo, mis uñas negras se clavaban en su brazo.
-Oh, lo siento - retiré rápidamente el brazo e intente taparme la cara con el pelo para que no se notara que mis mejillas ardían.
El chico río - Me llamo Zac.
- Abbie - le dijé con una sonrisa. Él iba a decir algo hasta que notó que el avión empezó a descender. Mi corazón dió un vuelco y me pusé pálida.
- Puedes agarrarte de nuevo si quieres - Zac me guiñó un ojo. Lo miré con mala cara y clavé mis uñas en el asiento, apreté los dientes y cerré los ojos esperando el aterrizaje.
Desde chiquitita, aunque viajo mucho, odio los aterrizajes.
Cuando el avión aterrizó solté un gran suspiro y miré a Zac que tenía una sonrisa burlona.
- Ha sido un placer servirte de desestresante Abbie, ya nos veremos.
Zac se levantó y se fué. Yo hicé lo mismo y me dirigí a fuera para encontrarme con mi familia.
(...)
Entramos a la recepción del edificio por las puertas giratorias para encontrarnos un lugar bastante acogedor decorado en tonos blancos y negros. Nos acercamos a un chico que se encontraba detrás de un mostrador que se presentó amable - Encantado, señor y señora Preston, yo soy Sergio, su conserje, si necesitan cualquier cosa avisenme. El ascensor esta en aquella esquina a la derecha y su piso es el dieciséis, la puerta A.
Mis padres le agradecieron dándole una buena propina. Nos indicaron que subieramos nosotras primero y fuéramos escogiendo las habitaciones. Mala idea, muy mala idea.
El ascensor paró en nuestra planta y yo salí primero seguida de las demás. Introduje la llave y lo primero que me encontré fué con un enorme abeto con luces y decorado en tonos rojos. Mi boca tocó el suelo cuando examiné el resto del vestíbulo; la moqueta de las escaleras (que se dividía en dos rodeando el árbol) era negra, esta misma estaba decordada con serpentinas con luces navideñas. Si rodeabas el árbol e ibas de frente había una habitación que supuse sería el salón, mientras que a la izquierda estaba la cocina y a la derecha el comedor.
Mis padres se habían superado, el ático era increíble. Miré a Al y a Ari que se encontraban en el mismo estado que yo.
- Esto... Es... Increíble - dijó Ariel con la voz entrecortada.
- Menos mal que no hemos visto las habitaciones - intervinó Aline. Se dio cuenta en seguida de lo que había dicho y se giró a vernos.
En menos de medio minuto echamos a correr escaleras arriba.
Vale a ver, primero haz una rueda de reconocimiento y después eliges, pero más te vale darte prisa.
¡Por dios que el spining me sirva de algo!
Cuando llegué arriba corrí por el pasillo de la izquierda. ¿Podria tener más puertas acaso?
Baño.
Sala de estar.
Baño.
La habitación de mamá y papá.
La sala de cine.
Otro baño
¿Cuantos baños hay en esta puta casa?
Por fin abrí una puerta que daba a una habitación increíble, pero no podía decidir tan pronto, así que salí corriendo hacía el otro pasillo, donde Aline y Ariel discutían por una habitación con baño incluido.
Abrí una puerta de la derecha y entré. Me quedé muda. Sin duda esta era mi habitación, y no solo porque me gustará más que todo lo que había visto hasta ahora, sino porque noté que mis padres la habían decorado para mí.
La cama se encontraba de frente, cruda con las sabanas blancas y una manta de ganchillo marrón que me hizó mi madre cuando era pequeña; a la derecha había un pequeño sofá rústico marrón, con una manta roja y cojines marrones; encima de la cama se encontraban baldas marrones con pequeños jarrones, de distintos tamaños y colores, que contenían flores; en las mismas baldas, velas crudas diferentes lucían dándole un toque acogedor al lugar; el punto de la habitación era la pared de ladrillo cruda en la que una enredadera se tornaba fuerte; una alfombra de varios colores decoraba el suelo y un farol colgaba del techo intentando darle un poco de luz a mi nueva casa, aunque fracasaba gracias al gran ventanal de la derecha, que tenía (bajo mi punto de vista) las vistas más bonitas de todo Madrid; finalmente un armario empotrado beige se situaba en la izquierda junto con una puerta que daba a un baño rústico que me dejó con la boca abierta.
Creó que podría acostumbrarme a esto.
Aunque no creo que la universidad me deje...
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Can't change
Ficção AdolescenteAbbie Preston, es una chica de clase alta, vive rodeada de lujos y es una importante modelo estadounidense, el problema llegará cuando tenga que mudarse a Madrid y su mejor amiga la arrastré a cambiar de vida. ¿Podrá sobrevivir a los líos de esta ci...
