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Aquellos que rompen las reglas

Fue un error...

Más bien, el error más idiota que pudo haber hecho ¿En que carajos estaba pensando?

Esto iba a terminar muy mal...

Su mirada fija en las letras escritas en la roca, intentando ignorar la picazón que sentía en su brazo derecho. Era un tic que había desarrollado con los años, un tic que aparecía cada vez que la cagaba.

- Así que ahora eres un jounin Sensei - hablo la voz todavía conservando su tono monótono pero añadiendo un poco de burla e ironía en ella.

Óbito bufó sin gracia.

- Es temporal - replicó sin siquiera alzar la vista.

Hubo un suspiro lleno de una gran fracción de "Sí, lo que digas". Fue cuando ligeramente alzó la mirada encontrándose con aquellos ojos grises con destellos tanto azules como verdes.

Su corazón palpitaba con dolor al presenciarlos.

- Me compadezco de esos niños - dijo y el Uchiha permaneció callado.

El sol apenas se había levantado, era primavera, la naturaleza crecía y el viento era acogedor. Kakashi lo miro desde su asiento encima del monumento de caídos. Todavía teniendo 12, ambos ojos y esa mirada llena de sentimientos atascados. Apenas translúcido como para ver una hoja caer atraves de él.

Un fantasma que no lo dejaba dormir en las noches pero que tampoco se atrevía a soltar.

Su pecado y su milagro.

Su locura y su cordura.

- eres un desastre - murmuró él no presente.

Un segundo bufido sin gracia fue parte de la respuesta.

- Cállate ¿quieres? - con ambas manos metidas en los bolsillos de sus pantalones, parado enfrente de aquel monumento, sus ojos bajaron nuevamente para leer una vez más aquel nombre que cada mañana susurraban en sus oídos.

Hatake Kakashi...

Esto iba a hacer más que un desastre, ¿En qué pensaba? Claro... No pensaba cuando lo dijo...

- Solo no los mates...

La voz se desvaneció conforme las palabras fueron "dichas"...

Por tercera vez, Óbito bufó ya algo cansado.

- No prometo nada... - fue lo que dijo a nadie en particular

































Perseguir gatos por toda la aldea, jardinería, ayudar con los mandados, cosecha, carpintería...

Sus días como gennin fueron fugases y ahora solo se arrepiente de no haber disfrutado esa etapa, no supo apreciar la tranquilidad de esas misiones.

El sabe que hay muchas maneras de lidiar con un trauma, y también sabe que como ninjas ninguno puede afrontarlo realmente. Fueron entrenados como armas, como una herramienta bonita y eficaz pero desechable al fin y a cabo. La meta original era arrancarlos de su naturaleza humana pero puedes pedirle a una gato que ladre cuántas veces quieras, no dejará de ser un gato, no dejará de maullar, jamás será un perro... un humano jamás dejará de serlo y tampoco dejará de sentir por más que se lo pidan...

La Última PromesaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora