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Las opciones son las bisagras del destino.

En otro tiempo las calles ya estarían desiertas, no habría y no hay ni una sola alma que quisiera deambular por estás, pero la guerra sigue en curso y aún a varios kilómetros de distancia, sus remanente persiguen a shinobis y civiles que quedaron en medio hasta sus hogares, si es que queda alguno que pueda llamarse así.

Óbito solía amar los días lluviosos y los días soleados por igual, siempre traían cosas grandiosas que hacer con ellos, sin embargo últimamente ya no importa como este el día, todo parece color gris. El olor a humedad le disgusta y lastima su nariz, y siente cierta desesperación al no saber el que hace ahí y el estar siendo observado por el jefe de su clan, Fugaku, solo lo hace sentir más inquieto y rabioso.

- ¿Por qué estoy aquí? - pregunta finalmente impaciente.

Últimamente todo lo saca de quicio, todo parece que está en su contra. El mayor solo lo observa detenidamente, dejando que el más joven se impaciente un poco más, para luego indicarle que lo siga. Traspasan algunas habitaciones, luego un enorme jardín, hasta llegar a unas escaleras que facilitan la subida de una no tan grande colina, las cuales los llevan a una pequeña cabaña, que parecía que nadie pisaba en un buen tiempo. Una vez dentro de esta, el mayor rebusca entre varias cosas de aquella cabaña, hasta que finalmente se detiene. Tarda más tiempo de lo que debería pero menos tiempo para que Óbito se desespere... más.

Lentamente Fugaku se da la vuelta y aún con cierto conflicto le entrega al más joven lo que parece ser una fotografía muy vieja. Parece ser que confusión es un sentimiento que Óbito se permite sentir después de tanta rabia que lo sigue desde aquel día.

- ¿Sabes quién es? - pregunta el mayor sin expresión alguna y antes que el menor pudiera responder, siguió - Para que te pregunto. Reprobaste dos veces el examen de la academia y solo te graduaste por qué la guerra estalló y Konoha necesitaba más soldados - dijo provocando una mueca en el rostro del menor.

Era raro ver a Uchiha Óbito antipático, serio e inquebrantable, todo lo contrario a lo que era antes de ese día y todo lo que siempre quiso Fugaku que fuera, sin embargo... Teniéndolo enfrente de esa manera, no podía pensar en algo más catastrófico para ese niño.

- Su nombre es Madara Uchiha, fue junto al primer Hokage el fundador de Konoha - prosiguió - y el más fuerte de nosotros según nuestros registros pero al mismo tiempo... Fue el más débil de nosotros...

Aún no estaba seguro de lo que hacía, Óbito nunca había sido capaz de hacer nada realmente productivo, ni siquiera sabía el por qué seguía con vida aquel niño, sin embargo algo dentro de el, le aclamaba piedad por el niño.

- El obtuvo un poder asombroso y único - dijo dándole la espalda nuevamente al más joven - En los tiempos de la primera guerra, los Uchihas eran capaces de conseguir un poder único mediante una práctica de lo más abominable...

Óbito escuchó con atención, ¿A donde quería llegar con aquello? Nunca ningún Uchiha salvo su abuela y Shisui le habían dirigido la palabra.

- matar a la persona que más amaban en el mundo...

El corazón del joven Uchiha se paró y sus ojos se ancharon... ¡¿Qué rayos?! La rabia corrió por sus venas, su manos se cerraron con fuerza importandole un carajo la sagrada y vieja foto que tenía en sus manos.

- ¿Qué está...

- Se perfectamente que tú no le hiciste nada a Kakashi - dijo secamente girando no completamente su cuerpo para mirar al adolecentes con el Sharingan.

La Última PromesaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora