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Merezco verdad, lealtad y amor incondicional pero tu... Ya me has traicionado

Eso no es verdad ,déjame intentar...

Muere por mi bien sino vive en el infierno que tu mismo creaste.

Kazama, como cada mañana, se levantó con la inercia de la costumbre. Se vistió, se acomodó el pelo hacia un lado, pero esta vez, el espejo le devolvió una mirada que no era la suya: una mirada cargada de una tristeza abrumadora. 

Hace pocos días, la resignación se había apoderado de él, aceptando que Sayuri debía permanecer cerca de Shinnosuke. 

Era el "escudo", la fachada que su padre jamás sospecharía. Un sacrificio amargo para proteger la verdad de su amor.

Pero lo que comenzó como una medida desesperada, se había tornado insoportablemente incómodo. Sayuri era implacable en su empeño por conquistar a Shinnosuke. No importaba lo que tuviera que hacer, incluso intentó desnudarse. 

Shinnosuke solo la rechazaba una y otra vez, y eso, paradójicamente, era el único respiro de alivio para Kazama. Hasta hace dos días. La bomba estalló cuando escuchó de la boca de Shinnosuke que saldría con Sayuri en una cita. El mundo de Kazama se vino abajo en ese mismo instante, desmoronándose a sus pies.

Kazama parpadeó, la sorpresa aún anclada en sus ojos. "¿Dices cita de cita?", preguntó, la voz apenas un hilo.

"Sí", asintió Shinnosuke, mientras se ponía su chaqueta negra, ajeno al cataclismo que desataba en el interior de su compañero de cuarto.

Kazama se levantó de la cama, arrastrando los pies hasta quedar frente a Shinnosuke. "¿Es en serio lo que dices?", soltó, el dolor retorciéndole las entrañas.

"Sí, ¿hay algún problema?", respondió Shinnosuke, con un deje de molestia, percibiendo la tensión en el aire sin entender la causa.

"Ninguno", murmuró Kazama, el corazón roto. "Espero que lo disfrutes". Se volteó de nuevo hacia su cama, con una minúscula, desesperada esperanza de que Shinnosuke lo detuviera, que le dijera que todo era una mentira, una broma para provocar sus celos. Después de todo, era su crush.

Pero no pasó. El único sonido fue el click seco de la puerta al cerrarse. Kazama se giró. La habitación estaba vacía. Shinnosuke se había ido. Su corazón, ya destrozado, ardió con una rabia repentina. El enojo, la pura indignación, lo impulsó a salir de la habitación. Lo siguió, lo alcanzó, lo agarró con fuerza, la furia grabada en sus ojos.

"¡¿SHINNOSUKE NOHARA?!", gritó Kazama, con una voz que vibraba de cólera.

Shinnosuke se sobresaltó. No esperaba ver a Kazama detrás de él, y mucho menos gritándole así. Se sentía completamente confundido. "Kazama, ¿Qué quieres?", preguntó, un tono de fastidio tiñendo sus palabras. "¿Por qué me estás gritando?"

"Y-yo... solo no vengas muy tarde", balbuceó Kazama, la rabia mezclada con una vergüenza insoportable. "Odio que me despierten". Se sentía estúpido, patético por soltar semejante tontería.

"¿En serio?", dijo Shinnosuke, la voz teñida de escepticismo.

Kazama, confundido, sin saber cómo canalizar la avalancha de emociones, levantó la mano y le dio una bofetada. El golpe resonó en el silencio, y Shinnosuke se enfureció al instante.

"¡¿KAZAMA?!", gritó, agarrándolo del brazo con fuerza. "¡¿QUÉ CREES QUE HACES?!"

"Y-yo...", sollozó Kazama, las lágrimas finalmente desbordándose, cayendo por su rostro. "Lo siento, se me fue la mano".

Shinnosuke se alarmó de inmediato. Ver a Kazama llorar era algo que no soportaba. Instintivamente, lo atrajo hacia él y lo abrazó con fuerza. "¿Por qué estás llorando?", dijo, nervioso, intentando tranquilizarlo.

"¿T-tú de verdad vas a ir a una cita con ella?", preguntó Kazama entre sollozos, la voz quebrada.

"¿Quién te entiende, Kazama? Me alejas, me dices que esté con ella y ahora te pones así", replicó Shinnosuke, irritado por la contradicción.

"Yo...", Kazama se quedó sin palabras. Bajó la mirada, la culpa y la impotencia lo invadían. "Perdón por interferir".

Shinnosuke suspiró profundamente y deshizo el abrazo. 

"Perdona, no sé por qué hice esto".  -Se dio la vuelta, dispuesto a volver a la habitación, la frustración palpable en su postura.-

Se llevó una mano a la cabeza, suspirando de nuevo. "Sinceramente, no sé lo que quieres", soltó Shinnosuke, el cansancio en su voz. "¿Te gusto o no?"

"Shinnosuke, es complicado, no lo puedes entender. Hay cosas que no sabes", respondió Kazama, la voz llena de una sinceridad dolorosa. "(Es mejor para ti que no recuperes la memoria) Solo intento que esto que 'tenemos' siga así".

"Kazama, no pienso seguir con este juego", dijo Shinnosuke, su rostro grave. "Puede que me gustes, pero no es lo que quiero".

"Solo necesito que me aceptes como tu amigo", suplicó Kazama, desesperado.

"Es frustrante estar cerca de la persona que te gusta, creer que te corresponda para que luego eso no sea así", dijo Shinnosuke con voz cansada, sus palabras punzantes. "Kazama", soltó, aún más exhausto. "Tenemos 23 años. El mundo nos acepta tal y como somos. Somos personas que solo nos amamos. ¿Cuál es el problema en ello?", preguntó, su voz suavizándose, una súplica silenciosa.

Kazama no supo qué decir. Solo agachó la cabeza, soltando ligeros suspiros. "Porque aunque nos aceptaran, yo aún sigo temiendo las expectativas de las personas", soltó Kazama, su mirada llena de un dolor tan profundo que apenas podía contenerlo.

"Perdóname, Shinnosuke. Ve a tu cita y... disfrútala." La última palabra se le ahogó en la garganta, forzando una sonrisa que apenas disimulaba el quiebre de su voz.

Kazama se quedó de pie en el pasillo, un monumento a la desolación. Observó cómo la figura de Shinnosuke se hacía cada vez más pequeña, consumida por el pasillo, hasta desaparecer por completo. En ese instante, el último hilo de contención que lo unía al exterior se rompió. Se adentró de nuevo en la habitación, cerrando la puerta con un golpe seco y el pestillo sonando como una sentencia. Su espalda se deslizó lentamente por la madera, hasta desplomarse en el suelo.

Las lágrimas, antes contenidas, brotaron sin control, quemándole el rostro. La rabia y la impotencia se apoderaron de él, una marea hirviente que lo consumía. No era justo.  Se agarró la cabeza con desesperación, sus dedos apretando sus sienes como si quisiera detener el torbellino de pensamientos.

"No debería pasar por esto," gimió, la voz apenas un murmullo roto. Su puño se cerró y golpeó el suelo con furia, un impacto sordo que no mitigó ni una pizca de su tormento. Levantó la vista, sus ojos inyectados en sangre, y la última palabra salió de sus labios como un veneno. "¡Te odio tanto, padre!"

El grito fue gutural, cargado con años de resentimiento, de dolor silenciado. Se sentía atrapado en una jaula invisible, construida por las expectativas y los miedos ajenos.

"Tú has hecho de mi vida un infierno," susurró, las lágrimas seguían fluyendo, empapando sus mejillas. Cada palabra era un lamento, una acusación directa al origen de su sufrimiento. Se acurrucó contra la puerta, temblando, deseando con cada fibra de su ser que ese infierno terminara.



AMOR IRREAL [SHINNOSUKE X KAZAMA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora