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Bailare hasta que me canse ,hasta que los tacones rojos me maten...

¿Estás segura de ello?¿Yo puedo acompañarte en ese baile?

Si ,será divertido...

La luz de una tarde dorada se filtraba por los ventanales de la universidad, pintando los pasillos de un ámbar suave. 

Ai Suotome, enfundada en un impecable conjunto de diseñador que contrastaba con la informalidad de sus compañeros, salía de su última clase junto a Masao. 

Sus pensamientos, habitualmente ordenados y centrados en sus estudios, revoloteaban con una inquietud inusual. Repasaba mentalmente los complejos apuntes de economía cuando, de pronto, una figura familiar capturó su atención a lo lejos. 

Su mirada, precisa y rápida, se detuvo. 

Era Shinnosuke, inconfundible, de pie junto a una de las fuentes del campus, el sol de la tarde rozando su cabello. Había una extraña placidez en su postura, una serenidad que no encajaba con el recuerdo de la angustia que Ai había vislumbrado en él semanas atrás.

—Mira, Masao, es Shinnosuke —comentó Ai, la curiosidad pellizcándole, una fuerza magnética que la impulsó a acercarse.

Ambos se dirigieron hacia él. La conversación fluyó de forma casual al principio, sobre clases y planes para el fin de semana. 

Pero Ai notó un cambio sutil en la mirada de Shinnosuke, un velo que antes no existía, una especie de distancia protectora. Con una expresión que denotaba una extraña mezcla de irritación y resignación, el tema, casi de manera involuntaria, giró hacia Kazama.

—Es extraño —dijo Shinnosuke, frotándose las sienes con un gesto de marcada incomodidad—. Hay un chico... Kazama. La gente lo menciona. Pero cada vez que intento recordar algo sobre él, es como si una barrera invisible golpeara mi cabeza con una maza. Un dolor de cabeza horrible, Ai. Es insoportable.

La frente de Shinnosuke se arrugó, sus ojos se entrecerraron por la punzada de dolor, y un escalofrío de alarma recorrió la espalda de Ai. Pero lo que la golpeó más que el dolor físico fue la resolución, la frialdad casi palpable en su voz al continuar:

—He... he renunciado a intentarlo. No puedo. Y, sinceramente, siento un fuerte rechazo hacia la idea de ese chico. Es como si mi mente supiera que no debe ir por ahí. Es mejor así.

Ai asimiló sus palabras, sintiendo un nudo apretado en la boca del estómago. Un rechazo tan absoluto, tan ajeno al Shinnosuke vibrante y efusivo que ella conocía, la dejó con una inquietud profunda. 

Se despidieron de Shinnosuke y Masao, y Ai se dirigió a su habitación, sumida en un mar de dudas. 

El aire se sentía más denso, el sol menos cálido. Quería ignorar el torbellino de pensamientos, pero la imagen del Shinnosuke distante y el velo de dolor en su rostro no la abandonaban. 

Tomó su móvil, sus dedos volando sobre el teclado mientras tecleaba un mensaje, esperando con una ansiedad creciente la respuesta de su "querida amiga".

No tardó en llegar el ping familiar de una notificación, rompiendo el tenso silencio de su cuarto. Era ella.

Dime qué ocurre —contestó Nene Sakurada, su "querida amiga", al WhatsApp, con la urgencia que solo un mensaje así podía transmitir a través de la pantalla—. ¿Noticias sobre Shinnosuke?

Ai, con los dedos aún temblorosos por la revelación de Shinnosuke, escribió su respuesta, cada palabra cargada de la confusión que la embargaba:

Algo más que sorprendente. Me lo encontré cuando salía con Masao de clase. Se veía bien, pero él se niega rotundamente a recordar a Kazama. Dice que le causa dolores y siente un rechazo... ¿Qué piensas de eso, Nene?

AMOR IRREAL [SHINNOSUKE X KAZAMA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora