Camino lentamente hacia él, siento mi rostro arder y la transpiración brotar por mis poros, bajé los escalones lo más rápido que pude y eso me agobió.
Lucho me mira y sonríe cínicamente negando con la cabeza.
—¿Es tuyo, no?—Me dice hojeando algunas páginas.
—S-si. Se me cayó desde allá arriba, no sabes, un bolonqui, casi muero por venir a buscarlo.—Digo ventilando mi rostro. Él me da el libro que esta hecho bolsa, mejor para mi, así tengo una excusa para no terminarlo. Además, no sabía que podía lanzar tan lejos, que piola.
—Aja.—Dice poco convencido.
—Gracias eh, por... Levantarlo.—Digo apuntando el libro. Nos vemos Lucho.—Me despido, con ganas de meterme para adentro.
—De nada.—Respondió sorprendido.—¿Te acordas de mi nombre?, creí que no me reconociste.—Dijo incrédulo.
—Na, si, los elefantes jamás olvidan dicen.
—¿De donde sacaste eso?—Preguntó riendo.
—Lo escuché por ahí.
—Che, Betty, ya que estamos, te invito a mi casa, hoy a las diez, voy a hacer algo tranqui, con algunos amigos, si querés venir sos bienvenida.
—Gracias por la invitación, si no tengo otra cosa que hacer voy.
—Okey, nos vemos, cuidate y cuida que tus libros no se escapen.—Dijo con un tono burlón, reí junto a él.
Volví a entrar a mi departamento, suspiro. Era raro, nadie me invitaba a fiestas, la gente que conocía era gracias a Francisco que era todo un sociable, en cambio yo, pocas veces lograba conseguir amistades sinceras por mérito propio, no se porque siento que Lucho me va a agradar en un futuro.
Ya son las ocho de la noche, estoy sentada leyendo un cómic de Superman en mi cuarto, mientras un chupetín se derrite en mi boca, mamá aún no llega. Escucho que la puerta de mi habitación es abierta, apenas levanto la mirada para ver a quien osa irrumpir mi lectura.
—Que onda, ¿Mamá donde está? —Preguntó Aldo viéndome a los ojos.
—Todavía no volvió.
—Que raro, ¿no quería que vayas a buscarla o algo así?
—No, no me dijo nada.
—¿A donde dijo que se fue?
—No se, no me acuerdo.
—Nunca sabes nada.—Dijo rodando los ojos.
Una voz proveniente de la sala calmó un poco más al idiota de mi hermano.
—Holaaa.—Gritó mamá.—¡Beatriz!—Llamó a mi nombre.
—Estoy acá. —Respondo desde mi cama.
—¿Donde acá?—Preguntó, acercándose más a mi habitación.
—Bueno, ya me estaba preocupando.—Dijo Aldo más aliviado.
—No se preocupen, ya estoy acá. ¿Como les fue?—Preguntó yéndose hacia la cocina.
—Conseguí laburo.—dijo Aldo orgulloso.—No es lejos, en la fabrica de artículos de limpieza.
—¡Que bueno!—Lo felicitó mamá orgullosa, la verdad si, era bueno, pero con ciertos vicios que tiene Aldo no creo que sea tan provechosa su paga, ojala que ayude a mamá al menos. Aldo tiene casi veinticinco y desde que dejó la escuela no encuentra trabajo fijo, cosa que yo también tengo miedo de que me pase.
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Persiana Americana (Gustavo Cerati)
Fanfiction"Tus ropas caen, lentamente, soy un espía, un espectador y el ventilador desgarrandote, se que te excita pensar hasta donde llegaré".