asesinato en el tejado

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Raúl cayó hacia atrás sobresaltado. Volvió a mirar y pudo ver como aquellos ojos se clavaban en él. Sintió un frio atroz en la lejana mirada de aquel hombre.

El hombre levanto el brazo señalándole con un dedo y fingiendo disparar. A Raúl se le heló la sangre. Corrió a toda prisa hacia la trampilla y justo antes de bajar levanto la vista una vez más para volver a ver a aquel maníaco del tejado.

No pudo ver al hombre en el tejado, sin embargo vió caer el cuerpo inerte del segundo hombre por el lateral del edificio. Bajo las escaleras y fue corriendo a buscar el teléfono. Marco el numero de la policía y al ponerse el teléfono en el oído se dió cuenta que no habia tono. Golpeó el teléfono y volvió a probar sin ningún resultado.

Dado por vencido fue a buscar su telefono móvil cuando las luces se apagaron. Escucho unos golpes en la puerta principal. Se asomo oculto en la estancia y pudo observar al asesino al otro lado del cristal de la puerta con un rifle en la mano.

– Vamos chico. Abre y haz esto mas fácil. ¡Vamos a jugar un poco!

Sus piernas le hicieron correr a la puerta trasera y al abrir la puerta, a escasos metros, ahí volvía a estar ese hombre despiadado con su sombrero negro y sus ojos negros. No comprendía como habría corrido tanto. Volvió a girar y entro de nuevo en la vivienda. Corrió a la cocina y se hizo con el cuchillo mas afilado del taco de cuchillos. Se dirigió a la puerta principal de nuevo para enfrentarse con ese monstruo. Lo miro frente a frente. Su rostro pálido se dibujaba bajo el sombrero y los ojos negros brillaban en la oscuridad de la estancia. Sintió una profunda respiración tras de sí y se giro asustado. El segundo hombre, el que habia recibido el disparo, estaba frente a él con media cara reventada. Estaba atrapado entre esos dos seres malignos. Acuchilló al primero, que empezó a reir en una profunda carcajada maligna. Apuñaló al segundo, que actuó igual.

– Vamos chico. Ven a jugar con nosotros - susurro uno de los seres-.

Raúl cogió con fuerza el cuchillo y se lo clavó en la garganta. Vió desaparecer a los monstruos mientras caía y sus manos se resbalaban con su propia sangre.

Juan estaba con María en el tejado del edificio. Les gustaba subir a liarse unos porros y enrollarse. Miraron al horizonte despues de un largo beso y pudieron ver a tres hombres sentados en un tejado. Uno de ellos saco un revolver y mato a los otros dos.

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