Capítulo 4

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La clase con el profesor Aristegui terminó y le sucedieron otras dos clases por lo que salimos a receso y Victoria y yo nos dirigimos a la cafetería del colegio. Nos sentamos en una mesa y el maestro Gabriel se convirtió en el tema de nuestra conversación, sin embargo ésta fue interrumpida por la llegada de Evan, Tristán y Odín. Evan es el novio de Victoria desde tercero de secundaria y la quiere de verdad, por lo tanto le tengo mucho cariño. Odín, por otra parte, está en una relación intermitente con nuestra amiga Safaa, pues la semana pasada volvieron a romper... pero no hay cuidado puesto que no tardan en regresar y alistarse para su aniversario de seis meses. Tristán en cambio me ha tirado la onda desde que en tercero de secundaria fue transferido a nuestra escuela y le asignaron nuestro grupo; a pesar de que es guapo, siempre he aparentado que no estoy enterada de sus sentimientos por mí para no romperle el corazón, ya que yo no estoy interesada en los hombres de mi edad.

Como si nos hubieran leído la mente, Odín mencionó al profesor Gabriel.

-Oigan, pero qué bueno está el nuevo maestrito eh, creo que voy a tener que vigilar a Safaa más de cerca.

-Si yo fuera tú me pondría a buscar en chinga una de esas pomaditas para agrandar el pito, wey - dijo Evan, burlándose del cometario de Odín - no vaya a ser que Safaa vaya a querer saciar sus necesidades con Arizmendi, porque se ve que carga un paquetón el cabrón.

Todos nos reímos a carcajadas por el comentario de Evan, mientras que Odín trataba de defenderse mencionando que la mamá de Evan no pensaba lo mismo; antes de que empezaran una guerra de insultos, entró en la cafetería el origen de nuestra conversación y pude admirar mejor cómo se le ceñían a sus piernas esos pantalones de vestir de color azul rey que llevaba puestos.

Sin siquiera pensarlo me levanté de la mesa y me acerqué a la fila para comprar bebidas donde él se encontraba, y una vez cerca pude disfrutar su colonia, que olía exquisitamente, cuando se percató de mi presencia me saludó.

-Señorita Elizabeth, ¿verdad?

-Efectivamente, profesor. Elizabeth Montenegro, para servirle.

-Qué bonito apellido tiene, señorita, inclusive le puedo asegurar que me suena muy familiar. -Dijo el profesor de forma pensativa.

-Muchas gracias, espero que mi apellido no sea lo único bonito en mí.

-Le puedo asegurar que no es así, señorita Elizabeth. 

Llegó el momento de que nos atendieran y Aristegui me cedió el lugar, por lo que me recargué sobre la barra y comencé a observar las bebidas del refrigerador mientras levantaba mi cadera y dejaba que la falda hiciera el resto, al instante noté que el profesor soltó un gritito y comenzó a toser.

Satisfecha de la reacción que tuve pagué mi Arizona de fresa y me salí de la fila.

-Adiós profesor, nos vemos maña en clase.

-Que le vaya bien señorita. - Dijo el maestro Gabriel  mientras se le notaba una respiración entre cortada y los pantalones apretados en el área del tiro. 

Me retiré del lugar y tomé asiento en la mesa con mis amigos mientras me imaginaba a Aristegui subiéndome mi falda corta y empinándome sobre su escritorio haciéndome a un lado mis bragas de encaje para abrir paso a su suculento paquete.

Atreverse es ganar. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora