Capitulo IV

9 0 0
                                    


(Narrador obnisiente)

Detrás de esta estaban los cuerpos de su madre y de Ingrid tumbados inconscientes en el suelo, y más allá en la esquina más apartada de la habitación habían dos cuerpos desmesuradamente grandes para ser de alguna de las trabajadoras. Comenzó a temblar de miedo, los que sea que fueran no eran humanos, aunque parecían ser hombres. Pero le pareció que su estatura y musculatura no parecían ser normales.

Uno de ellos volteo y la miró, parecía estar asombrado, miró a su compañero y gruño. Después de eso ambos individuos la observaron y comenzaron a caminar, sus pasos resonaron como truenos.

Presa del miedo se echó a correr, esperaba que no les pasara nada a su madre ni a la Doctora.

Ambos hombres al ver qué Lía salía corriendo iniciaron una persecución, tenían que dormirla y borrarle la memoria, no había lugar para errores esas habían sido sus órdenes.

Lía miró sobre su hombro y le pareció ver qué el más musculoso de ambos sacaba un objeto desconocido y le apuntaba. Una luz roja le dio en la pierna y esto le provocó un dolor horrible, sentía que sy pierna estaba siendo despellejada, se dejó caer al suelo soltando un grito.

Los dos hombres se miraron alterados y comenzaron a gruñir, al parecer se estaban comunicando y no parecían muy contentos con que ella hubiera gritado.

En la sala comenzó a sonar una alarma, los desconocidos se giraron a mirar la puerta del laboratorio y justo a lado de esta estaba Ana, ella se había encargado de bajar una palanca, la cuál parecía haber echo sonar la alarma, uno de los salvajes le disparó justo en el pecho, Ana no hizo ningún ruido que no fuera el de su cuerpo cayendo al suelo.

La pareja se miró y entonces lanzaron una pequeña perla, está comenzó a brillar y dejo a Lía, quien ya no gritaba ni se movía, ciega por unos instantes, después del destello en el lugar en el que cayó la perla se hizo un círculo negro, un agujero de gusano, pensó Lía con terror.

Este agujero comenzó a succionar todo lo que estaba a su paso, incluyendola a ella, mirando a los lados logro divisar a los invasores cargando a la L.H.H y lanzandola al portal.

Volvió a gritar cuando se dió cuenta que estaba a punto de ser succionada, ambos hombres la miraron y trataron de detener su succión pero fue muy tarde, ella ya había pasado y podía observar un sin fin de mar negro, un intenso dolor mucho peor que el de su pierna atravesó su cuerpo, sentía que la desmenbraban y entonces se desmayó de dolor y comisión.

*. *. *.

Cuando Lía despertó lo primero que pudo observar fueron unas rejas tenuemenete iluminadas por una Liz anaranjada, mientras que podía persivir el olor a humedad y a desechos humanos.

Asustada se levantó de un salto y miró a los lados y se dió cuenta de que se encontraba dentro de una celda. En el pequeño espacio solo había una letrina, un lavado y una colchoneta, en su minuciosa inspección se dió cuenta de que estaba en cadenada.

Su tobillo izquierdo se encontraba dentro de un brazalete de hierro, el cuan estaba conectado a una gruesas cadenas que estaban instaladas en la pared.

Mucho más asustada que antes se instaló frente a los barrotes de la celda y comenzó a gritar, al no recibir respuesta alguna comiendo a tratar de hacer ruido con las cadenas.

Un movimiento justo en la esquina de su canfinamiento la hizo detenerse a mirar, de la esquina oscura salió bostezando un animal del tamaño de un chihuahua adulto, parecía tener parches de piel quemada y otras sarnosa, en la piel quemada tenía pequeñas protuberancias negras, pero lo que más llamo su atención fueron sus dientes, tres hileras de dientes puntiagudos que parecían ser lo suficientemente afilados como para comersela.

Di un grito ahogado para no perturbar a la creatura, subió de un salto a la colchoneta y se pego en la esquina.

Poco después se escucharon fuertes pisadas fuera de su celda, insegura de saber que cosa era lo que habría allí, decidió quedarse en la esquina. Frente a ella detrás de los barrotes del lado de la libertad se hayaban tres "hombres" quienes fijaron sus ojos en ella. En ese momento se sintió diminuta, uno de ellos era alto y tenía la cabellera llena de canas, mientras que el que estaba a su derecha era un poco más bajo, pero más musculoso que el canoso y su piel era de un tono bronce, y el último era mucho más alto que los otros dos, este tenía una cicatriz que le surcaba la cara desde el labio inferior asta perderse entre el cabello, el que parecía ser el mayor de los hombres dio un paso más cerca de la celda y saco un juego de llaves, avanzó hasta estar dentro a la puerta con la cerradura y la miró mientras en su cara comenzaba a crecer una sonrisa macabra.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Jul 29, 2020 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Entre lazos ROJOS  ¿¡Y viajes dimensionales!?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora