Parte 5

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Efectivamente, Mew y Gulf se conocieron en el instituto. Los dos eran amigos íntimos de Kittipat Kaewcharoen. Los tres chicos eran inseparables, pero la amistad de Mew y Gulf era especial. Así lo dice Alina. Especial. Y lo dice con cierta ternura que agradezco. 

Los chicos estaban a punto de terminar el instituto hacia 1912 y Kittipat notaba que sus dos amigos se iban distanciando de él. El pobre no entendía por qué. Hasta que un día lo descubrió.

Él buscaba a sus amigos cuando se habían ido sin él hace media hora con la excusa de que irían a investigar el río, pero cuando fue a buscarlos no estaban. Se detiene en seco cuando los vio; estaban muy cercas del otro, de pies junto a unos árboles, pero Gulf en ese momento le dio un beso muy corto en los labios a Mew, que sonrió mirándolo fijamente. "No puede ser" susurró.

Lo contó a sus padres y la noticia no tardó en llegar a las familias de Mew y Gulf.

Así fue como el señor Suppasit padre de Mew, decidió enviarlo a estudiar a Munich, mientras Gulf se quedó en Sighisoara pintando su ventana vacía.

Gulf juró a Kittipat que jamás le perdonaría lo que había hecho.

Pero entonces estalló la Primera Guerra Mundial.

Kittipat, Mew y Gulf se fueron al frente y perdieron contacto... hasta que Mew volvió herido en 1915. Alina me cuenta que su estado era delicado. Sus pulmones habían quedado afectados por el efecto de una bomba de cloro. Quedó postrado en la cama.

La noticia llegó a Gulf, que aún estaba en el frente. El chico hizo todo lo posible por volver a verle antes de que Mew muriera, pero no fue revelado hasta mediados de 1916.

Lo primero que hizo Gulf al poner los pies en Sighisoara fue plantearse en casa de Mew, pero sus padres no le permitieron verle. Ni ese día ni nunca más. Le ocultaron a su hijo que había vuelto...

Y por eso Gulf se plantó en la esquina bajo la ventana de Mew. Iba allí cada día y se pasaba horas con la esperanza de que Mew tuviera fuerzas para levantarse de la cama, mirar al exterior y verle. Y para entretenerse, pintaba el mismo cuadro una y otra vez.

Alina detiene su relato. Se ha dado cuenta de que estoy llorando. "Dígame que se vieron. Aunque solo fuera un día. Dígame que Mew supo que Gulf no le había olvidado". Mis palabras suenan casi como una súplica.

Ella vuelve a sonreír, pero no dice nada. Se levanta y rebusca entre los volúmenes de la librería. Saca un álbum lleno de fotos y documentos. Y enseguida encuentra lo que busca: una carta. 

Una carta a Mew Suppasit.

Escrita por Gulf Kanawut.

"¿Quieres saber lo que dice?", pregunta Urassaya. "Yo te la puedo traducir".

Una carte de Gulf a Mew. Ni en mis sueños más locos habría imaginado encontrar un tesoro así. Pero no puedo evitar preguntarme por qué está en poder de Alina. ¿Acaso no llegó a su destino?

"Mi abuelo la interceptó", explica la anciana. Cuando Kittipat volvió del frente y se encontró con Gulf plantado en la calle, se le rompió el corazón. Se dio cuenta de lo que había provocado con su confesión antes de la guerra.

Intentó disculparse, pero Gulf no quiso escucharle. Se pelearon en plena calle y Gulf le rompió la nariz de un puñetazo.

Kittipat era consciente de que el dolor que sentía en la cara no tenía ni punto de comparación con el de sus viejos amigos. Se propuso enmendar su error y trató de interceder por ellos plantándose en casa de los Suppasit.

Les pidió que permitieran un último encuentro entre los chicos, pero ellos se negaron. Y no solo eso. Le enseñaron la carta de Gulf que acababan de recibir y le pidieron que se la devolviera, para que le quedara claro que sus palabras jamás llegarían a oídos de Mew.

SOLDADOS [MewGulf]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora