Capítulo 1

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- Ayúdenle a respirar – escuché una voz.

- Pulso bajando, su respiración se corta en momentos – respondió otra.

Abrí los ojos. Solo podía observar figuras moviéndose alrededor mío, eran solo sombras negras y desenfocadas que se movían en un pequeño espacio. Logré sentir algunos piquetes en mi cuerpo justo antes de desvanecerme sin saber en dónde estaba, o por lo menos quien soy.

Desperté, sentía una tranquilidad enorme recorriendo cada rincón de mi cuerpo, la ligereza era incomparable y todos los piquetes y pesadez que antes sentía se esfumó como si jamás hubiera existido, mi respiración era extraña, no sabía cómo describirla, pero sentía que no era natural o por lo menos diferente a como algo dentro de mí me decía que debía ser, al intentar levantarme esperaba sentir dolor o pesadez, creí que sentiría mi cuerpo entumido como hace momentos sentía al no poder ni siquiera respirar. No reconozco mis manos al mirarlas, tampoco mis piernas que solo sé que son mías porque las comando a moverse, algo extraño pasaba y quería saber qué es lo que era así que salté de la camilla en la que estaba y caminé hacia la puerta

No había nadie en la habitación donde me encontraba, de hecho, no sabía ni siquiera en donde es que estoy, solo vi una silla al lado antes de levantarme, ahora me encuentro en frente de la puerta, la cual no tiene ninguna forma de abrirse, la golpeo tranquilamente intentando romperla, pero tal tranquilidad al paso de los minutos se transforma lenta y progresivamente en una horrible desesperación que me hace patear con mis pies desnudos e incluso dar cabezazos. No sentía cansancio alguno tras tanto movimiento, de hecho, no sentía ni siquiera el dolor que supondría golpear algo con los dedos de los pies y la cabeza.

Justo en ese momento la puerta se abrió y me hizo retroceder rápidamente para que no me golpeara, de la puerta emergió una mujer de cabello rubio, delgada y con un rostro que había sido deformado por cansancio, teniendo los ojos rojos y bolsas debajo de estos. Llevaba con ella un vaso del cual tomo un trago al llegar a la silla.

- Hola – saludé sin recibir ninguna atención de su parte – Oye ¿Quién eres? – volvió a ignorarme.

La mujer parecía ver hacia la cama en la que había estado postrado hacia unos cuantos minutos, como si algo o alguien siguiera ahí pese a que no podía ver nada más que la cama, justo entonces la puerta abre de nuevo, esta vez entrando un hombre de edad avanzada, solo tenía cabello a los lados de su cabeza y solo de color grisáceo casi llegando a blanco, parecía un médico por el atuendo que llevaba y al momento de entrar saludó a la mujer de cabello rubio.

- Doctor ¿Todo está bien? – preguntó la mujer sin contestar al saludo del hombre.

- Verá, su cuerpo está seriamente lastimado, tiene además varias contusiones y un pulmón recibió daños severos por el golpe – respondió aquel hombre rascándose la cabeza.

- Pero ¿Hay probabilidad de que sobreviva? – preguntó desesperadamente aquella mujer.

No lo había notado, pero la mujer tenía ropas muy sucias, parecía haber estado en este lugar ya varios días sin cambiarse. Tenía puesta una camisa amarilla de manga larga con unos pantalones negros y unas botas color café, su cabello estaba recogido en una coleta, pero se notaba bastante cabello suelto o mal amarrado haciendo que se viera desaliñada o desesperada.

- Claro que las hay, al ser un hombre joven tiene más capacidad de curación y recuperación, es solo que al recibir tanto daño puede quedar con secuelas toda su vida – el medico trataba de darle esperanzas a la mujer, de alguna manera supe que con ese daño cualquiera seria hombre muerto.

- Disculpe señor – dije sin conseguir nada – de quien hablan, esa cama está vacía – volví a hablar, pero esta vez más fuerte y desesperado por respuestas.

- La buena noticia es que su columna no recibió un daño importante – dijo para la tranquilidad de la mujer.

la incertidumbre era palpable en mi cabeza. parecía ser ignorado de manera sospechosa y desesperante por las personas que hablaban de la completa nada en una camilla desecha y con maquinas por todos lados. 

- ¿¡Que carajos les sucede!? – visiblemente harto intenté llamar su atención sin éxito, así que salí corriendo del lugar lo más rápido que pude.

Apenas crucé la puerta me di cuenta de que aquella ligereza, o esa sensación era la que me daba, era aún más marcada de lo que se sentía al estar parado en aquella habitación, durante mi recorrido vi a muchas personas las cuales me ignoraban completamente a pesar que intentaba llamar su atención hablando y corriendo, sentía que me volvería completamente loco si nadie me dirigía la palabra o tan siquiera me volteaba a ver, por un momento pensé que tal vez me ignoraran a propósito y era una clase de experimento psicológico, pero eso no respondía mis dudas: ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? Y ¿Por qué no recuerdo nada?

Después de correr por tanto tiempo decidí detenerme, me sorprendió que a pesar de todo lo que había corrido no estaba cansado, ni siquiera mi ritmo respiratorio o cardiaco se sentía distinto a como lo sentía acostado. Al voltear vi a dos mujeres que parecían verme, fue un gran alivio saber que, si me veían y me dispuse a caminar hacia ellas, acercándome logre ver mejor sus expresiones y vi algo de asombro y miedo reflejado en sus rostros.

- ¿Viste la sombra pasar? – comentó una de las chicas.

- Si, te digo que aquí pasan cosas raras – respondió la otra chica jalándola en la dirección contraria a donde miraban – vámonos ya.

No entendía que pasaba, mi idea de un experimento en el que fingen no verme parecía tener algo de sentido, o quizá me volví loco y la gente prefería ignorarme para no meterse en problemas con un esquizofrénico que corría por todo el lugar, después de pensar eso un niño pasó y también se me quedo viendo, pero tuve la impresión de que al ser un niño pequeño no sabría que debían ignorarme, así que solo di la vuelta y me fui, dejándolo solo.

- Oye ¿Por qué corrías? – escuché una voz delante mío, era una voz suave, amable y tierna – Te hablo a ti, responde.

Levanté la cabeza y vi una pequeña niña enfrente de mí, la pequeña me miraba algo intrigada con unos ojos cafés tan profundos que podría perderme en ellos, su cabello era negro y llevaba puesto un pantalón mezclilla con tirantes y una playera a rayas azules y blancas.

- ¿Me vas a responder? – insistió la niña por mi atención.

- Espera un momento ¿Me ves? – pregunté asombrado, la primera persona que me hablaba era una niña.

- Claro, si no, no te hablaría – dijo sonriendo con esa pureza que caracteriza a los infantes – ven conmigo.

Justo después de decir eso salió corriendo hacia un pasillo a mi derecha, pensé por un segundo que podría ser parte del experimento y que sería mejor seguirla de lejos ya que no sabía que me podría pasar o que me podrían hacer, sin embargo, decidí no seguir esa idea y correr detrás de ella, la niña era veloz, pero podía seguirle el paso por la extraña condición física que tenía. Pasamos por pasillos largos y con gente, no parecía que nadie reaccionara a nosotros y nuestra forma tan despreocupada de correr, aunque en uno o dos cruces vi a personas que mantenían la vista en mi como observándome y sorprendiéndose a mi persona, quizá pensando porque un adulto perseguiría a una niña pequeña. Llegamos a una puerta en la que la pequeña se detuvo, fuera de ella había dos tipos platicando, uno se veía joven, con cabello castaño y rostro terso, el otro era un adulto mayor con canas, pero a diferencia del doctor él si tenía su cabellera completa a la que se le sumaba una barba igual de canosa.

- Hola Alicia, veo que traes a un nuevo – dijo el tipo viejo saludando a la niña y volteando a verme.

- ¿Cómo que alguien nuevo? Explíqueme por favor – respondí rápidamente ante sus palabras.

- Veo que no te has dado cuenta – dijo riendo el joven que ahora estaba a las espaldas del viejo.

- Hijo, estas en el limbo, probablemente hayas muerto.

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