Calor de luna

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La espesa niebla que revestía al mundo que le rodeaba no disminuyó en todo el día, o al siguiente. La niebla parecía hincharse hasta llenar la cabeza de Harry mientras caminaba detrás de Greyback por el sendero apenas visible a través del bosque –ni siquiera estaba del todo seguro de cómo es que llegó a hacer eso. ¿Por qué se arrastraba silenciosamente detrás del hombre lobo en vez de huir? «Porque puede correr más rápido tú si se transforma», suministró su mente con un tono intrigante. «De momento, soporta, espera y luego corre». Sí, esa era la táctica ganadora. Sin embargo, había algo  en su mente entumecida, esperando como un depredador en las sombras.
«Es el lobo en mí», su mente susurró en advertencia, «el gen recesivo, esa sutil herencia, lo que sea que Greyback despertó en ti. Eso quiere a Greyback, lo ve como una buena opción».
«Esa parte de mí quiere seguirlo». Ante ese pensamiento se detuvo en el camino desigual, y en la niebla justo por delante de él, Greyback se detuvo también, girándose hacia él.

―Piensas demasiado chico, ese es su problema ―gruñó el lobo, dando unos pasos hacia él. Harry levantó la barbilla desafiante. Sabía que un sub debía bajar la cabeza, mostrar su garganta en sumisión y respeto. Pero él no lo haría. Podía tener un lobo en él, en... en alguna parte, pero no era un hombre lobo. No iba a ser una de las perras de Greyback.
―Si todavía estás de mal humor porque te tengo ‘preso’, deja que te ilumine, incluso si lograras escapar, el Señor Oscuro te llevaría de vuelta en un segundo. Él te está observando.

Harry se burló, moviéndose incómodamente dentro de los pantalones holgados y la camisa que Greyback le había dado. Incluso le había dado unos zapatos, 'para proteger tus delicados pies' había dicho. El recuerdo no le ayudó a modular su tono. Miró al lobo duramente. ―No puede ser, lo hubiera sentido-

―Estoy sometiendo su presencia en tu mente. Puedo hacerlo ahora que tengo una conexión contigo. Nuestro vínculo sobrepasa a todos los demás. ―Greyback marcó el punto acercándose y arrastrando sus nudillos a lo largo de la furiosa marca púrpura vibrante en el cuello de Harry. Harry se estremeció y se echó hacia atrás, lejos de su alcance.

Greyback sonrió. ―Se asegura de que no voy a liberarte y entregarte a tus pequeños amigos, sin duda, pero solo puede tener una idea general de tu estado de ánimo. No te puede ver o escuchar tus pensamientos cuando estás dentro de cierto rango cerca de mí. Nadie tiene el derecho de verte, solo yo.

Habló con una vehemencia y posesividad como Harry nunca había escuchado antes. Se estaba dando cuenta de que era el lobo en él. Lo entendía, pero eso no significaba que iba a hacerle caso a su propio ‘lobo interior’ que estaba casi ronroneando en su oído. Ansiaba postrarse a los pies de Greyback y atraerlo con un vaivén de sus caderas. Harry reprimió la imagen, preguntándose por qué la voz había estado volviéndose más impaciente, más desesperada desde que había despertado en compañía de Greyback hace dos días. Era más fuerte que nunca. Su piel se sentía caliente y hormigueante, casi zumbando con necesidad de... algo, aunque no sabía qué.

―Todavía no me has dicho a dónde vamos ―espetó Harry, apartando la mirada con torpeza. Greyback y él eran capaces de sentir una especie de ondulación emanando del otro, lo que significaba que el lobo debía haber sido capaz de sentir el volátil calor exasperante que empezaba a abrumarlo. Creyó sentir un calor peculiar irradiar desde la piel de Greyback cuando se colocó más cerca, casi vibrando en el aire entre ellos, pero era difícil saber lo que era suyo y lo que venía de fuera de su propio cuerpo. Hizo una mueca. 

Cada extremidad se sentía temblorosa, ardientemente pegajosa y húmeda con una ligera capa de sudor. Se sentía como un caluroso día de verano en medio de la primavera. «Merlín, ayúdame»; jadeó con la boca seca y la cabeza cada vez más borrosa. ―¿Qué me está pasando? ―Su voz se perdió entre la intensa ola de calor que se extendió a través de él. Comenzó a balancearse hacia atrás, o al menos pensó que lo hizo, pero dos fuertes manos lo estabilizaron, agarrando sus hombros con firmeza.

Auribus Teneo LupumHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora