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Vivir.

¿Qué era vivir para mi ahora?

¿En qué se había convertido la vida?

¿Podía siquiera decir que estaba vivo?

¿Poder respirar era el único factor que importaba para calificar si estaba vivo o no?

¿O ser capaz de sentir algo más que vacío también influía?

No tenía respuesta para ninguna de mis preguntas.

Pero suponía que sí estaba vivo.

Porque respiraba y pensaba y Dios sabía cuánto pensaba.

Los días eran largos y tortuosos, aunque me esforzara en mantener la mente en blanco. Los recuerdos bonitos eran los que más mal me hacían sentir, me mostraban lo vacía que estaba mi alma y mi existencia en la actualidad.

Lo que tuve y lo que perdí.

Shisui encabezaba la lista de cosas perdidas, el recuerdo de su suicidio frente a mis ojos era una de las memorias más dolorosas que conservaba en mi alma, aunque cualquiera podría pensar que la masacre era la peor de todas.

Pero no era así.

Siempre he preferido tener las cosas bajo control, analizar las situaciones, pensar en un plan considerando cada posible falla y luego ejecutarlo lo más perfecto que pudiese. Exactamente lo que ocurrió con la masacre de mi clan, era la mejor opción para salvar lo poco que me quedaba y aunque todavía me estremecía con el solo hecho de recordarla, sabía que había actuado pensando en el bienestar de Sasuke y en la paz de la aldea.

Pero la muerte de Shisui no estaba en mis planes, ni siquiera se me pasó por la cabeza alguna vez. No pude prever lo que ocurriría ni tampoco pude ver más allá de sus palabras tranquilizadoras, nunca me di cuenta de lo que planeaba a mis espaldas, seguramente temía hacerme daño porque él siempre me protegía.

Y lo amaba por eso.

Él era el único que me cuidaba, el único que sabía que, aunque me viese como la persona más estoica e implacable del planeta, era frágil. Nadie más era capaz de ver más allá de la máscara de fortaleza que solía llevar para hacer bien mi trabajo.

Shisui era el que quitaba la máscara y aligeraba mi carga con un beso, un abrazo y una frase: "Todo estará bien"

Ahora me preguntaba, mientras observaba el techo de piedra de mi habitación, si es que esta sensación de vacío que me embargaba luego de recordarlo era estar "bien".

Al menos el vacío no dolía tanto.

Los días aquí eran lentos.

Pero las noches dolían.

Tener una noche de sueño reparador era casi una tarea imposible y ya ni siquiera me molestaba en desear dormir más de dos horas seguidas, es más, no quería dormir porque cerrar los ojos era darles pase libre a las pesadillas, los recuerdos espantosos que albergaba en mi cabeza afloraban cuando me sumía en la oscuridad de mis párpados, se arremolinaban en mi pecho y me arrebatan el vacío que solía calmarme un poco.

Intentar llevar a mi mente la voz de Shisui era lo único que podía hacer para dispersar mis sueños atormentados.

Recordar sus besos y sus susurros en mi oído incluso podían llevarme una sonrisa a los labios.

Las pesadillas me arrebataban la cordura, los pocos recuerdos felices de mi vida anterior me ayudaban a mantener la compostura, pero el recuerdo de Shisui y su amor era lo que me conservaba vivo.

Amaterasu | KisaItaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora