capítulo 9

1.6K 145 25
                                        

Estar junto a Blue era extraño. Me gustaba su compañía, pero no podía evitar estar a la defensiva. Me gustaba verla, pero de alguna manera me irritaba su presencia. Y cuando solo estábamos las dos, podría jurar que mi corazón latía más rápido. Hay algo en ella que me hace querer acercarme, como si sus labios fueran el oro después del arcoíris. Y, aunque a veces sentía que el sentimiento era mutuo, era imposible darlo por hecho.

—Cassie, ¿vas a ir a la fiesta? —me preguntó Cris, llamando mi atención.

Los dos nos habíamos vuelto cercanos; últimamente pasaba más tiempo conmigo que con Blue.

—No tengo ganas de ir —le respondí, cerrando el libro que tenía delante de mí. Era obvio que no lo leería; mi cabeza estaba más concentrada en mis deliberaciones sobre Blue que en la literatura.

—Deberías aprovechar ahora que puedes, porque llegará el momento en el que Lexa regrese a su habitual modo agresivo y comience a molestarte de nuevo.

Desde el incidente de la foto, el comportamiento de Lexa había cambiado. Prefería pensar que era por culpa o remordimiento, pero lo más probable era que fuera porque Blue la estaba vigilando todo el tiempo.

—Prefiero verla furiosa conmigo que de la mano de Blue —respondí, soltando lo que mi cabeza no dejaba de repetirme. Por suerte, Cris me había demostrado que era alguien en quien podía confiar.

—¿Estás celosa? —me preguntó, burlándose—. Porque, hasta donde tengo entendido, ustedes no son nada. Ni siquiera podría decir que son amigas.

—No son celos. Es que siento que ella se está sacrificando por el bien de todos, como si en el fondo supiera que, si la deja sola un minuto, Lexa va a volver a desquitarse con los demás.

—¿Y por eso casi besas a Blue?

La pregunta me dejó helada. La única vez que estuve tan cerca de ella como para besarla fue mientras conversábamos afuera de la casa de Lexa.

—Lexa me dijo que estaban extremadamente juntas, que no dejabas de mirarle la boca, incluso...

—No fue así —respondí rápidamente—. No sucedió nada.

—Lexa cree que a ti te gusta Blue, y por tu bien espero que no sea así —se quedó un momento en silencio y continuó—. Sería muy doloroso verte sufrir... Ellas prácticamente viven juntas y, aunque no lo hagan público, sé que Blue ha dormido más noches en la cama de Lexa que en la suya propia.

—Lo sé —respondí, abriendo mi libro para intentar borrar la imagen que se estaba formando en mi cabeza—. No estoy enamorada de Blue, ni siquiera me gusta, así que no tienes de qué preocuparte.

Cris suspiró aliviado, aunque no parecía convencido.

—¿Estás intentando ponerme celosa? —dijo Blue a Cris, interrumpiendo nuestra conversación—. Porque está funcionando —añadió, con esa encantadora media sonrisa que últimamente llevaba todo el tiempo.

—No tienes derecho a celarme cuando Lexa es prácticamente tu soporte vital —respondió Cris, siguiéndole el juego—. O es al revés... nunca entendí bien su relación —agregó, burlándose.

—Espero que estés contenta, me robaste a mi alma gemela —me dijo Blue, acercándose—. Solo es prestado, así que no te acostumbres.

—Pero ya somos compañeros en la clase de arte —respondió Cris, abrazándome—. Y lo que la clase unió, el hombre no lo puede separar. Incluso hicimos un jarrón juntos.

Empezó a contarle nuestra anécdota sobre el jarrón en forma de consolador que la profesora no pudo tomarse en serio, y por un momento pude verla feliz junto a mí. Se reía y escuchaba con atención; nunca la había visto tan suelta y espontánea.

—Creo que es mejor un jarrón en forma de consolador que el cuadro que pintó Lexa del director desnudo —respondió Blue, devolviéndome a la realidad. Ese era el problema: no había Blue sin Lexa.

—Creo que lo peor fue saber que ella se lo imaginaba desnudo —añadió Cris, riéndose—. Por cierto, hoy pareces estar de buen humor.

—Bueno, tuve un buen sueño.

—Erótico —preguntamos al unísono.

—¿Por qué todo tiene que ver con eso? Pude haber soñado que recibía un premio Nobel o que conocía a Stephen King. Son unos pervertidos —nos retó, mientras atendía el celular.

Lexa la estaba llamando y, al parecer, ya la estaba esperando, así que se despidió apresuradamente para ir a su encuentro. Cuando salió del aula, nos dimos cuenta de que había olvidado su libro, así que corrí a entregárselo y aproveché para preguntarle una vez más qué había soñado.

—Soñé contigo, pero no se lo digas a nadie.

Tomó el libro y, después de un momento en el que pareció disfrutar ver cómo mi rostro se sonrojaba, se despidió. volviendo al lado de Lexa. 

Ella, Mi Primer Amor (GL)(Editando)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora