Capítulo 7

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Hace un tiempo entre en una espiral de culpa y arrepentimiento, intenté buscar ayuda y una psicóloga me recomendó el libro de Viktor Frankl, El Hombre en Busca de Sentido (un poco predecible y literal), entendí de inmediato porque la gente lo recomendaba tanto, pero recordarme que las personas pueden encontrar una razón para vivir incluso en las situaciones más trágicas, no me ayudo en lo absoluto... Irónicamente al terminarlo sentí que había perdido por completo el sentido de mi vida, la culpa era más fuerte y la sensación de incapacidad para enfrentar una vida tan fácil como la mía iba en aumento.


—¿Pasó algo en el instituto? —me pregunto mi hermana, una vez que se atrevió a entrar a mi cuarto, era un alivio porque no podía aguantar el sonido de sus pisadas yendo y viniendo por el pasillo.

—¿Mamá te dijo que vinieras a hablar conmigo?

—No, de hecho, creo que pudiste convencerla de que estabas bien.

—Bueno, tampoco estoy tan mal —le dije empezando a contarle todo lo que había sucedido.


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(Contado por Blue)

La primera vez que hablé con Lexa fue durante la clase de arte, mi amiga de ese entonces me había cambiado por un grupo de chicas que había conocido durante el curso de verano del instituto, por lo que mi mesa era la única que tenía lugar para la niña nueva, y así fue como Lexa entro en mi vida.

Sus padres se habían divorciado y su custodia quedo en manos de su mamá quien prefería dejarla al cuidado de su abuela, ella la peinada cada mañana, ondulada su cabello y le untaba aceite de rosas para que quedara perfecto, siempre se aseguraba de que su colación estuviera ordenada en su lonchera, todo lo cocinaba desde cero, incluso el postre (también enviaba una porción para mi). La iba a recoger y a dejar, caminaban juntas, Lexa siempre daba vueltas alrededor de su abuela mientras ella avanzaba lentamente con su bastón, y los fines de semana iban a una tienda de té al otro lado de la ciudad en un viejo auto verde que su abuela se negaba a cambiar porque era un recuerdo de su difunto esposo.

Ella solía decirme que la vida sin sus papás era lo mejor que le había pasado y que no se imaginaba viviendo con alguien que no fuera su abuela.

Disfrutaba sacar buenas notas para que ella la felicitara y prefería mil veces quedarse en casa viendo una película, que salir con sus amigos. Lexa la amaba tanto que cuando la vida hizo de las suyas y tuvo que decir adiós, jamás volvió a ser la misma.

Sus padres no se preocuparon por ella, pero si asistieron puntuales a la lectura del testamento, en el cual le dejaba todo a Lexa, pero como era menor de edad los administradores pasaron a ser sus padres quienes estaban inmersos el su círculo vicioso de regresar y terminar.

Lexa frenaba sus peleas, recogía los jarrones rotos, escondía las botellas e insistía en que no malgastaran el dinero de la abuela, convirtiéndose así en la cabeza de la familia, por todo eso y más, pidió la emancipación y esta fue concedida, al igual que una orden de alejamiento para que sus padres dejaran de amenazarla.

Todo lo que le tocó vivir después de la muerte de su abuela dejo como resultado sus problemas de ira, el cambio fue tan sutil que me acostumbre como lo hacen los cangrejos al ser cocinados, por eso cuando Cass me pregunto "¿qué hacía con alguien como ella?" La pregunta me resulto ofensiva, "alguien como ella", ella lo era todo para mí.

—¿En qué piensas? —me pregunto Lexa, cuando regreso a la cama.

—¿No me dijiste que no tenías sueño?

—Cambie de opinión —respondió abrazándome—: ¿Sigues molesta por lo del instituto?

—¿No crees que ya es hora de hacer algo con tus problemas de ira?, podrías ir a algún curso que te ayude a canalizar todo y...

—¿Por qué te gusta tanto contar el momento? —me dijo molesta, pero antes de que pudiera continuar insistiendo, mi celular empezó a sonar, era una llamada de Cass.  

Ella, Mi Primer Amor (GL)(Editando)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora