VI

1.4K 161 94
                                    

Samuel piso el embrague del acelerador fuerte, iba conduciendo a más de ciento cincuenta en una autopista de noventa, a medio vestir, con Rubén en el asiento del copiloto en las mismas condiciones que él, mientras tomaban rumbo hacia las afueras de Madrid.

Fue prácticamente un milagro el lograr escapar de su hogar o bueno, lo que quedo después de la lluvia de granadas que lanzo mientras que intentaban escapar de Manuel Fernández y sus secuaces. Hacia apenas unos quince minutos atrás, habían logrado despistar al par de camionetas negras que les siguieron por casi toda Madrid.

Sentía la adrenalina correr aun por sus venas, se reflejaba en el temblor de sus brazos sobre el volante, lo tenso que se encontraba en su asiento y el agarrotamiento de los músculos donde había sufrido de los golpes por luchar.

Y seguro Rubén se encontraba igual.

El musculoso miro a su marido sentado a su lado, con el ceño fruncido, mordiéndose fuerte los labios y sus ojos fijos en el espejo lateral del coche, poniendo atención a cualquier auto sospechoso mientras que en su mano sostenía firme el arma de Samuel ya cargada con el dedo en el gatillo. Hasta que la mancha de sangre sobre sus pantalones llamo su atención.

—¿Estas bien?

—¿Eh?

—Tienes sangre en la pierna... —señalo.

—No lo había visto...—con su mano libre examinó la herida—Joder...—bramo disgustado al sentir el escozor— Me rozo una de las balas mientras escapábamos.

—Tengo un botiquín debajo del asiento trasero, tiene lo básico y un par de calmantes, servirá mientras tanto.

Haciendo caso, dejo el arma sobre la guantera y a tientas busco el botiquín detrás del asiento. Coloco la pequeña caja roja de metal sobre su regazo, rebuscando en su contenido por alcohol, gasas y vendas. Cuando tuvo todo a la mano comenzó examinando el pantalón húmedo por su sangre, rasgo la tela de este y ambos se sorprendieron al encontrarse con una herida más profunda de lo que pensó.

—Joder... —gruño roncamente mientras vertía algo de alcohol sobre la herida.

—Necesitaras unas puntadas, guapo.

—No puedo coserme con el auto en movimiento, Samuel. No se hacerlo...—confesó.

—Vale, lo haré yo, por ahora ponte las gasas y una venda.

Con molestia, tomo las gasas ejerciendo algo de presión sobre la lesión para luego envolverla en un mal hecho vendaje, pero que serviría hasta que encontraran un lugar seguro en el cual estar.

—¿Cuál es el plan?

—Llegaremos en un par de horas.

—¿A dónde vamos? —pregunto extrañado.

—A mi vía de escape.

֎֎֎

—¿Una cabaña en medio de la nada?

Pregunto el castaño mientras bajaba del auto, apoyando su peso en la pierna buena. Solo había puesto atención al camino en cuanto se adentraron a un camino apartado de la autopista después de varias horas de conducción por parte de Samuel. Y ahora se encontraban en aquel bosque, con una cabaña vieja dentro del mismo.

—Esta fuera del radar, estaremos seguros cuando mucho un par de días...—respondió Samuel, mientras sacaba cosas importantes del auto, entre ellos el botiquín. —¿Puedes caminar, chiqui?

—Si...

El castaño comenzó a andar tratando de no apoyar la pierna con la herida. El musculoso al ver esto, se apresuro a cerrar el auto e ir a ayudarle.

Mr & Mr de Luque | RubegettaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora