Salvaje

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Mangel se incorporó, la cabeza le daba vueltas, el aborigen se incorporó también sin dejar de mirarlo, pero su mirada aunque era muy insistente sobre sus facciones y cada movimiento que el doctor hacía, no era molesta ni le provocaba miedo

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Mangel se incorporó, la cabeza le daba vueltas, el aborigen se incorporó también sin dejar de mirarlo, pero su mirada aunque era muy insistente sobre sus facciones y cada movimiento que el doctor hacía, no era molesta ni le provocaba miedo. La mirada del aborigen era curiosa sobre su persona, y además se notaba que no sabía el significado del espacio personal ya que estaba tan cerca de él que un pequeño movimiento podría rosar su piel.

El doctor Rogel le sostenía la mirada por varios motivos, uno de ellos era hacerle ver que no le tenía miedo (aunque por dentro estaba aterrado) a la vez deseaba no mirarlo tanto, ya que sus ojos carmín le hacían creer que el caníbal le miraba con inocencia y ternura, pero al haber presenciado la facilidad que tiene el aborigen por arrancar trozos de carne con los dientes, no podía permitirse creer que era un ser indefenso, no, era un salvaje al que había de mirar con dureza, pensaba que si lo veía vacilante intentaría atacarlo o perdería el respeto, que por alguna extraña razón parecía tenerle pues lo protegió del otro caníbal.

Otro motivo de sostener la mirada era estar pendiente de sus movimientos, aunque hasta ahora no ha intentado atacarlo, no podía saber que maquinaba en su cabeza, quizá solo estaba esperando el momento indicado o quizá alguna acción equivocada por parte del doctor tenga una consecuencia nefasta sobre el individuo y desate su canibalismo.

Después de unos minutos de mirarse Mangel quiso dar un paso y el aborigen se movió junto con él, aquel acto lo puso nervioso, no tenía idea de cómo actuar, quería salir de allí evidentemente pero no quería que el de los ojos carmín saliera, no quería exponerlo a un aire menos limpio, y no quería tocarlo para hacerlo a un lado, por más cerca que estaban sus cuerpos, el aborigen no lo había tocado tampoco ¿Quizá él también sentía miedo?

- Ok, debemos salir de esta situación-

- Ok yaitowy tag Lolo ye nika jiakjo yum-

Mangel sonrió inevitablemente por la frase tan larga que le dedico, el caníbal creía que lo entendía y eso lo sabía por la seguridad con la que se dirigió a él, además se veía lindo platicando ¿Enserio pensó que se veía lindo? Como si el aborigen hubiese leído sus ojos se acerco a su rostro alzando los pies para alcanzarlo y le hablo con la voz bajita.

EL CANÍBAL (MANGELITO)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora