Capítulo #19

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Declaración

Cesar: la preocupación puede dañar tu cerebro, la tristeza tus pulmones, el estrés tu corazón y el enojo tu hígado -balbucea-.

Profesora: lo dejaron todo pendejo -se cruza de brazos con un puchero notable-  me van a poner una demanda de que mucho estudio destruyó su cerebro -bufa-.

Adela:  ¡Don't worry about it!, es aquí dónde nosotros entramos -guiña el ojo-.

Marco: es lenguaje, no lengua extranjera denominado Inglés -susurra hacia el gnomo-.

Gapor: -carraspea- todavía no terminé -comentó alzando la voz-.

Daniel: si, si, lo que tú digas -dijo restándole importancia a lo que decía la castaña-.

Profesora: tranquilo am... joven Daniel -se corrige rápidamente- continúe señorita.

Gapor: -amenaza a sus amigos con su otro zapato restante y prosiguió con la "exposición"-.

¿Esperamos el amor futuro?, ¿Recordamos el de ayer? El sistema nervioso autónomo recoge al instante este pensamiento. La alquimia convierte el deseo y el sueño en vigorosa realidad.
Los miles de millones de vasos capilares del rostro se dilatan y llenan de sangre: nos ruborizamos. Mejora nuestro aspecto.
¿Nuestro amor es rechazado? Otra vez las vibraciones, la danza de energía, la red capilar que se constriñe impulsando la sangre desde la superficie a un depósito más central. Palidecemos. Es el color de la muerte. Nuestras yemas de los dedos se enfrían.

Todos: -Procesando información 80%-.

Aunque el amor es una enfermedad incurable, hay razones para esperar. Si la víctima sobrevive a las fases agudas, es posible que los síntomas pierdan gran parte de su virulencia y hasta desaparezca. Y menos mal, pues quienes viven atormentados por las fiebres crónicas de un amor inmortal, no conseguirán otra recompensa que fatigas y muerte prematura.

Aldiery: ¡vamos a morir! -llora-.

Empiezan a gritar y lloriquear todos del salón.

Marco: me declaro culpable de este sentimiento que siento por... -le cobre la boca Adela-.

Adela: cállate puta -abraza al chico camuflando el acto anterior-.

Marco llora en silencio.

Gapor: -rueda los ojos- relajaos perdedores míos, confiemos en que alguien encuentre una cura, por ellos expongo aquí una hipótesis inicial o digamos una corazonada según la cual existiría.

En algún lugar del cuerpo humano, quizá bajo la rótula o entre el tercer y cuarto dedo del pie, una glándula maestra inadvertida hasta ahora; si esta pudiera extirparse por medio de cirugía, la persona iba a quedar inmune al amor.

Adela: uy, quiero intentarlo -sonríe soltando a Marco-.

En mi sala de operaciones busco a diario esta glans amoris.

Todos: -procesando información 90%-.

Leonardo: espera, espera, ¿Dijiste "tu" sala de operaciones? -pregunta ladeando su cabeza confundido-.

Gapor: sí, eso dije. ¿Acaso no escuchaste o qué?

Daniel: osea sí pero no sabíamos que tienes una sala de operaciones o una propia, ni siquiera que hacías tal cosa como operar...

Gapor: eso ya es otro tema -chasquea la lengua- además no les tiene que importar lo que hago cuando no estoy con ustedes -dice poniéndolo fin y restándole importancia al asunto- ahora... calladito, te ves más bonito.

El mundo de Gapor (Sin Corregir)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora