Varios meses después, Samantha aún no se acostumbraba a su nuevo nombre, por suerte, en privado, Lothar y los demás seguían llamándola Samantha.
Ella y Nael habían reunido ya lo suficiente para comprar un pequeño apartamento, que estaba sobre un almacén que se extendía a la izquierda. Ciertamente no se sentían cómodos sabiendo que más gente estaría tan cerca de ellos. Así que decidieron comprarlo también. Sin embargo no tenían aún el dinero necesario.
Así que ambos seguirían trabajando. Por suerte, al ser ambos del mismo gremio, sus trabajos eran muy bien pagados. Así que no tardarían en comprar el almacén.
Además de que Nael estaba mucho más cerca de pagar su deuda, pues Lonnan la había reducido por el cariño que le tenía al muchacho, algo ciertamente extraño en un mentor. Por tanto estaba comenzando a aportar más que Samantha en la vivienda. Aún así, en ella no cabía la culpa.
Y ciertamente aquel mes era importante, pues se habían estado preparando para decirle a Lothar sobre lo que venían manteniendo desde la primera prueba. Ambos estaban igual de nerviosos, Nael porque Lothar lo detestaba con todo su ser, y Samantha porque sabía que a Lothar no le importaba que fuera mujer para darle una paliza. Sin embargo estaba decidido, así ella podría ir a vivir allí con Nael.
En resumen ese mes era importante por distintas razones, aunque todas muy buenas.
(...)
Samantha se levantó de su habitación con los nervios a flor de piel, Nael debía estar en camino y ella ya había solicitado que Lothar le diera un minuto de su tiempo en el despacho, y le había dicho que Nael iría también, por lo que Lothar había decidido poner a Peter como guardaespaldas debido a la desconfianza que albergaba hacía el muchacho.
Se vistió con ropa común y una camisa blanca como de costumbre. Se colocó sus botas y dejó la espada en su cama antes de salir en dirección al despacho de su maestro.
Apenas iba cuándo notó el carruaje de Lonnan dejando a Nael en la entrada.
Ella estuvo a punto de irse hacia atrás de la sorpresa. Nael se había arreglado.
Cuándo entró Nael ninguno dijo nada. Estaban demasiado nerviosos para decir algo. Así que solo fueron al despacho de Lothar.
Apenas entraron la mirada de Lothar se alzó y la de Peter también, detrás de él.
Ella quiso pasar saliva pero no lo logró porque su boca y su garganta se encontraban secas.
— ¿Que sucede,— observó a Nael de arriba a abajo con desdén.— Aeryn?
Por supuesto a Nael no le causó sorpresa alguna, pues Samantha se lo había comentado ya.
— Nosotros queríamos informarte de algo, Lothar.— comenzó Samantha.
Lothar no reaccionó. Su mirada se mantuvo fría sobre ella y no se movió.
— Como sabes tú no aceptas más mis pagos de por fuera de los trabajos que tú me das, así que los usamos para comprar un departamento. Y bueno, queríamos comentarte que— ella se trabó temiendo recibir un golpe. Tragó la saliva que se secó antes de refrescar su lengua.— llevamos un tiempo manteniendo una relación, y ahora que La Competencia terminó decidimos decirte. Porque, queremos vivir los dos en ese departamento.
Sintió el aliento escapar de ella al decir la última frase. Y lo único que hizo fue prepararse para una reacción negativa de parte de Lothar. Pero no fue eso lo que ella recibió.
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Millage © [ATLM #1]
FantasyDespués de su detección, Samantha despierta en el bosque, sin saber qué será de ella ahora. Pues para un sobrenatural, las cosas sólo pueden ir en picada una vez que escapan. En Millage, ella encontrará una oportunidad de vivir sin persecusión. Pero...
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