En los días que siguieron ella no le habló mucho a Peter. Prefería quedarse en su habitación haciendo ejercicio. A veces le pedía a Phillis que le ayudara a sujetar la espada falsa— También le había mostrado el salón de entrenamiento, y la había llevado, pero solo había accedido a hacerlo de día—. Ella al parecer había estado en el Castillo desde hace ya varias Competencias, y la estaba ayudando con algunas cosas. Le había contado también que a los Candidatos para la prueba de Elección los ponían a pelear con los guardias de voluntariado. También le había dicho que no podía confiarse aunque así fuera, porque la mayoría de ellos sabían los principios básicos de pelea, y que, aunque no ganara, no dejara que la espada la tocara. Este era un mundo más salvaje con experiencias más vívidas y crueles. Su vida jamás estaría anestesiada. Y no tendría segundas oportunidades. Era tal vez lo que más le preocupaba por el momento.
Peter había ido a verla un par de veces a lo largo de la semana, pero tenía que admitir que había comenzado a resentirlo un poco. A veces por las noches mientras ejercitaba, le echaba la culpa de todo: «Si él no me hubiera traído...» «Si él no me hubiera encontrado...». La reconfortaba un poco, la hacía pensar que no era su culpa.
Cuando menos vio, se le empezó a terminar la última semana antes de que alguien decidiera elegirla. Faltaban dos días para que fuera La Elección. Ella estaba cada día más nerviosa y paranoica. Las personas en la sala de entrenamientos la habían mirado mal apenas entrar. Y se había empezado a sentir todavía más en peligro cuando Phillis le había comentado que antes de la Elección a veces los Candidatos intentaban eliminar a los que consideraban los más débiles. Cuando ella había preguntado, Phillis le había dicho que por eso a veces las personas desertaban. Samantha no sabía que era posible, hasta que comprendió: Phillis había desertado.
(...)
La mañana siguiente, Samantha estuvo dormida hasta la tarde luego de un exhaustivo entrenamiento. Luego las cortinas se abrieron y la voz de Peter llegó hasta sus oídos.
— Arriba.— ella no respondió. Solo se acurrucó más.— Vamos, levántate.
Pero ella no lo hizo, entonces Peter se acercó a su cama, y levantó el colchón. Samantha cayó al suelo con las sábanas encima. Se golpeó completamente contra el suelo de madera, frío y duro. Su rostro dolió, al igual que sus piernas, sus rodillas y sus brazos.
Soltó un quejido de dolor y se levantó lentamente y miró a Peter de reojo.
— ¿Qué?— le preguntó de mal humor.
— Hoy te llevaré a entrenar yo.— reprimió su sorpresa al darse cuenta de que él ya sabía que ella había estado entrenando.
— Está bien. Recuperaré lo que me hiciste perder.— le recriminó. Aunque no estaba segura de quién era la culpa, tener alguien sobre quién ponerla era como quitarse un peso de encima. La hacía sentirse mejor.— Y cuando gané me iré.
Peter se quedó callado, y prefirió esperarla afuera. Apenas salió, Phillis entró para ayudarla. Samantha dejó que la ayudara con el inicio de una trenza en su cabeza mientras se ponía las botas, pero no pudo evitar darse cuenta de que tenía una gruesa cicatriz en la muñeca. Le resultó extraño, pero no preguntó.
Cuando salió Peter le dijo que empezarían corriendo. Comenzaron a correr, y ninguno detuvo su ritmo. Eso era bueno, tenía suficiente resistencia. Y sus piernas eran resistentes.
La rutina fue diferente de la que tenía con Phillis, porque ella calentaba en su habitación y luego iban directo a la sala de entrenamiento. Pero luego de correr, Peter le dijo que estirara, porque no podría calentar en la demostración. Después la llevó hasta la sala que ya estaba acostumbrada a ver. El piso hecho de madera con paredes rojizas de mármol y techo blanco. Pero estaba más vacía que de costumbre, solía ver a los mismos chicos entrenando— a Carren y Martis, principalmente—. Generalmente eran unas veinte personas. Pero esta vez apenas y se podían ver diez, contándola a ella. Y no eran los de siempre. No eran los que no faltaban. Eran chicos que casi nunca iban. A un par ni siquiera los había visto.
— Toma una espada.— le indicó antes de acercarse a uno de los espacios de práctica.
Peter le entregó una espada y repasaron lo que ella ya había aprendido antes de que Peter decidiera llevarlo a la práctica. El golpe la hizo retroceder por la fuerza. La primera posición no servía de nada. Se podría decir que Peter le enseñó a poner en práctica lo que ella había practicado sola. Fue un día arduo. Teniendo en cuenta que ella consideraba que entrenaba ya muy duro. Pero una pelea de espada era realmente agotadora aunque durara solo un par de minutos.
(...)
Llevaban todo el día en la sala, teniendo duelos. Pero Peter estaba seguro de que tenía lo necesario. Podía sobrevivir. Solo necesitaba un buen mentor. Lothar... No estaba seguro de que fuera una buena opción. De las Competencias pasadas nunca había elegido a ninguna Candidata. Pero algún otro maestro podía ayudarla. Con que llegara al final bastaba. Con que sobreviviera. Él lo había hecho. Samantha también lo haría.
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Millage © [ATLM #1]
FantasyDespués de su detección, Samantha despierta en el bosque, sin saber qué será de ella ahora. Pues para un sobrenatural, las cosas sólo pueden ir en picada una vez que escapan. En Millage, ella encontrará una oportunidad de vivir sin persecusión. Pero...
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